Mi bebé y yo

Yoga: cuida tu cuerpo y tu mente

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Esta antigua disciplina india, practicada con constancia, es muy saludable para el cuerpo y para la mente durante toda la vida de la mujer.

El yoga es la búsqueda de la armonía entre la mente y el cuerpo: una necesidad básica durante el embarazo. Pero eso no es todo. La antiquísima disciplina india que, hoy en día, es seguida por millones de personas en el mundo, es beneficiosa para la salud. La medicina muestra interés por el yoga, tanto, que Pubmed, la base de datos estadounidense de literatura científica, registra más de 2.000 resultados al respecto. En definitiva, es una técnica que funciona. Sólo hay que tener en cuenta una observación: no es un tipo de gimnasia simple ni una técnica de autocontrol, sino una guía para escucharte a ti misma.

Más equilibrio

• El yoga incide en el equilibrio neurovegetativo, basado en la tensión entre el sistema ortosimpático, que, con el estrés, moviliza la energía en caso de emergencia o de peligro, y el sistema parasimpático, que regula varias funciones (nutrición, metabolismo, reproducción, respuesta inmunitaria, motilidad intestinal y diuresis), además de modular la relajación y el sueño. En la práctica, el yoga acaba con la producción de catecolaminas (las hormonas del estrés) y activa el sistema parasimpático, con efectos de relajación general, de lo que se beneficia el sistema endocrino, que controla las funciones reproductivas.

Más posibilidades de concebir

• Para favorecer la concepción, es fundamental llevar un estilo de vida adecuado: desde una alimentación sana, con un mayor aporte de ácido fólico, a un ejercicio físico regular. Sin embargo, hoy en día, las mujeres sufren irregularidades de la menstruación y la ovulación con mayor frecuencia. La culpa es del estrés, que comporta la estimulación continua del sistema ortosimpático. El yoga interviene sobre otro componente, el que regula las funciones fisiológicas (incluida la ovulación), restableciendo el equilibrio psicofísico. Para empezar a notar los beneficios, es preciso practicarlo entre tres y seis meses antes de la concepción, con un buen maestro, durante unas dos horas a la semana. Lo ideal sería dedicarle media hora al día, como mínimo.

En el embarazo: Más bienestar durante los nueve meses

• Si se realiza correctamente, el yoga carece de contraindicaciones en el embarazo, puesto que sus ejercicios se basan en la ausencia de esfuerzo y en la búsqueda del equilibrio. En los tres primeros meses, se inspira en posiciones que favorecen la relajación, la capacidad de contención del aparato genital y el equilibrio del aparato renal, simbólicamente relacionados con el elemento “agua” (crucial en esta primera etapa, precisamente, por el aumento de líquidos en el organismo materno). Con la aproximación del nacimiento, las posiciones favorecen la recuperación de la contractilidad uterina de cara al parto: entonces, las posturas simbolizan el fuego, el elemento de la potencia creativa.

Más conciencia en el parto

• El hábito de escucharse a una misma revaloriza el conocimiento inconsciente del cuerpo que, más adelante, se convierte en la guía instintiva en la dilatación y el parto. Algunas posiciones favorecen el descenso del niño, en función de las diferentes fases. Cuando la cabecita del bebé empieza a encarar el canal del parto, son beneficiosas las posiciones que enderezan la columna, atenuando la curva lumbar y aumentando el diámetro de la zona superior de la pelvis. En cambio, durante la última fase de expulsión, la curva lumbar deberá ser acentuada, de manera que aumente el diámetro de la zona inferior de la pelvis. Son ideales las posiciones agachada o a gatas, que, si se acompañan de una respiración consciente, ayudan a reducir el dolor de las contracciones y la duración de la dilatación.

Más armonía con el bebé
• Los primeros meses del posparto representan una etapa muy delicada para la mamá, de auténtica “reestructuración” de la identidad psicofísica, por lo que el yoga puede resultar muy beneficioso. En este período, reservar algunos momentos para la práctica del yoga es fundamental para mantener el equilibrio interior y regenerar el organismo. Asimismo, el masaje del bebé, cada vez más generalizado, se inspira en la práctica del yoga de activación de unos puntos energéticos concretos. Hoy en día, se ha demostrado que la estimulación cutánea tiene un efecto directo en la maduración del sistema nervioso central y de todas las funciones relacionadas, entre las que se encuentra la función intestinal, que, en los primeros meses, todavía es inmadura. Por este motivo, también puede aliviar el estreñimiento y los cólicos, así como proporcionar sueños tranquilos a la mamá y el bebé.

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