Mi bebé y yo

Niños sanos, padres felices

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Un interesante artículo de Suzanne Powell, Psiquiatra Filosófica Especialista en Medicina Ortomolecular, que nos invita a reflexionar sobre la importancia de alimentar a nuestros hijos de forma consciente, para proteger su salud.

¡Cuántos sufrimos por nuestros hijos cuando se ponen malitos, cuántas noches sin dormir, cuántas visitas corriendo al pediatra con el corazón en un puño, cuántos miedos a equivocarnos! ¿Quién dice que es divertido criar a un hijo? Pero, aun así, seguimos diciendo: “¡Todo vale, cuando te sonríe de esa manera!
Muchas veces, la raíz de los problemas más comunes es la misma alimentación o, más bien, los aditivos artificiales. Los trastornos asociados más frecuentes son: mucosidad constante, bronquitis, resfriados continuos, otitis, asma, irritabilidad, hiperactividad, infección de orina, estreñimiento, diarrea, rechazo a la comida, etc.

Los errores más comunes:

1    La insistencia en tomar lácteos animales. Es uno de los productos que más reacciones alérgicas da a todas las edades. Cuando vemos que un niño produce mucha mucosidad, sufre diarreas frecuentes, es propenso al vómito o padece asma, es señal de una reacción alérgica o intolerancia a los lácteos en la mayoría de los casos. Cuando se suprime la leche de vaca, todos los síntomas suelen desaparecer como por arte de magia. Existen otras leches vegetales adaptadas para los más pequeños, como la leche de soja de fórmula infantil. También se pueden preparar o comprar leches vegetales de todo tipo y para todas las edades en tiendas de alimentación dietética, e incluso se pueden comprar de cultivo biológico para los más sensibles a ciertos químicos.

2    La sobrealimentación es un error muy común. Un niño enfermo no tiene hambre y forzarle sólo va a empeorar su estado. La fiebre sólo pide líquidos. Es una reacción de autodefensa porque, al elevarse la temperatura, ciertos microorganismos se mueren, las defensas se ponen en marcha y el cuerpo lucha contra la raíz del problema. Si aportamos alimentos sólidos, van a requerir un sobreesfuerzo al aparato digestivo, se elevará aún más la temperatura y la digestión será deficiente con todas sus consecuencias (diarreas y/o estreñimiento, flatulencias, vómitos, etc.). Lo más adecuado es dar zumos naturales de manzana o de pera, o infusiones poco cargadas de manzanilla o de menta. El niño pedirá comida cuando su aparato digestivo vuelva a estar en condiciones de digerir adecuadamente. Un niño obeso será un adulto enfermo. Se debe seguir un horario de comidas y evitar picar entre horas.

3    Las chuches. Es muy común ver a los niños jugando en el parque y, a la vez, comiendo una gran bolsa de patatas fritas o caramelos multicolores. Y, además, los padres pretenden que esas criaturas coman bien de vuelta a casa, sin peleas y sin malos humores a la hora de sentarse frente a un plato de verduras. Primero, los dulces apagan el hambre, también crean nerviosismo seguido de un bajón de azúcar en sangre y mal humor/apatía o somnolencia como consecuencia y, en tercer lugar, están cargados de colorantes artificiales que producen irritabilidad e hiperactividad, como en el caso del colorante amarillo (la tartrazina) que también es una sustancia que provoca asma en las personas más sensibles a ella. Se puede encontrar en cualquier postre tipo natillas o flan, en los caramelos amarillos, pasteles o en los alimentos procesados, sean dulces o salados. Las bolsas de patatas también traen sus inconvenientes si son de sabores, dado que llevan saborizantes artificiales, entre los cuales uno de los más alérgicos, el glutamato monosódico, provoca síntomas de gastroenteritis, dolor de cabeza, náuseas, flatulencias e hinchazón abdominal, ¡todo un cuadro del Síndrome del Restaurante Chino! La misma sustancia se encuentra en todos esos alimentos preparados que tienen ese saborcito tan rico, tan sabroso… Sopas de sobre, pastillas para el caldo, comida envasada lista para comer, comida china, algunas pizzas, salsas envasadas, snacks de bolsa y todo tipo de patatas fritas de sabores que tanto gustan a los niños. Si los padres deciden dar ese tipo de snacks, es preferible que sólo sean patatas fritas sin sal y nada más, como capricho puntual, pero no todos los días. Es mejor evitar los caramelos de color amarillo o rojo, o el sabor a fresa, que son los aditivos más problemáticos para los niños y los adultos sensibles a ellos.

4    Refrescos enlatados tipo Cola. Llevan cafeína, excitan, sobreestimulan el sistema nervioso, causan caries, llevan colorantes, crean trastornos digestivos, son adictivos, quitan el hambre, descalcifican y pueden causar dolor de cabeza. Incluso las bebidas light sin azúcar son perjudiciales porque los edulcorantes artificiales producen serios trastornos y pueden causar enfermedades autoinmunes, como el Lupus, que está relacionado con el aspartamo. El sorbitol, otro edulcorante común, también puede producir un efecto laxante no deseado. Lo mejor es ofrecer zumos naturales recién exprimidos o zumos dietéticos sin azúcar añadido.

Consejos prácticos

- No dar postres, salvo una manzana o pera.
- No dar de comer entre horas, no picotear
- Aportar fruta, ensalada y verduras todos los días como hábito.
- No premiar con dulces en la mesa.
- Si el niño no tiene hambre, ofrecer sólo fruta o zumos para refrescar el intestino.
- Ser buenos ejemplos para los niños; ¡somos sus modelos preferidos!


Suzanne Powell. Psiquiatra filosófica.Un artículo de Suzanne Powell
Psiquiatra Filosófica Especialista en Medicina Ortomolecular Instructora de cursos ZEN

suzannepowell.blogspot.com 

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