Mi bebé y yo

Navidad "sin excesos"

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Durante las fiestas, es probable que el niño tome alimentos más ricos en calorías, azúcares y grasas. ¿Cómo afrontar estas molestias?

​El hecho de comer alimentos a los que el pequeño no está acostumbrado, más ricos en azúcares y en grasas, puede provocar que, durante estas fiestas, el niño sufra algunas molestias.
Dolor de barriga, cansancio o inapetencia son algunos de los pequeños trastornos que pueden afectar a los niños en estos días tan especiales. Te explicamos en qué consisten y cómo deben actuar los padres en estos casos, con el fin de que los más peques pasen estas fiestas tan señaladas con total alegría y serenidad.

La acetona, un síntoma típico
Los alimentos que el niño no está acostumbrado a tomar y algunas infecciones, como una amigdalitis o una gastroenteritis viral, pueden trastornar el estómago de los niños y provocar una crisi de vómito. Si el vómito o la inapetencia se prolongan, impidiendo al niño tomar azúcares, es posible que la acetona aparezca en la sangre y en la orina, originando el síntoma que las mamás reconocen por el olor del aliento, que huele a manzanas podridas. Por lo tanto, la acetona no es una enfermedad, sino sólo un síntoma: significa que el organismo, que no dispone de azúcares para producir energía, debe recurrir a las reservas de grasas. La combustión de las grasas origina los llamados cuerpos cetónicos, que proporcionan el característico mal olor del aliento. Entre el nacimiento y los seis años de edad, existe una mayor predisposición a la acetonemia, puesto que las reservas de azúcares son menores que en los niños más mayorcitos o en los adultos.
En estos días, tampoco hay que alarmarse si el niño no quiere comer y se salta alguna comida: es probable que una cena o una comida abundantes le hayan quitado el apetito. En estos casos, conviene no insistir.

Dolor de barriga
Por lo general, el dolor de barriga no debe preocupar. Su origen suele deberse a los malos hábitos alimentarios, como la ingesta de verduras, frutas y fibra, hecho que provoca el estreñimiento. Las excitación de la Navidad, Los Reyes, Papá Noel... también pueden ser los responsables. Cuando, además de dolor, aparecen vómitos, fiebre y diarrea, probablemente se trate de una gastroenteritis viral. En estos casos, si el pequeño no consigue retener los alimentos ni los líquidos, es conveniente suspender su administración, con el fin de dejar descansar el aparato digestivo. Cuando las náuseas disminuyen, se pueden ofrecer al niño pequeños sorbos de soluciones de rehidratación oral, que se encuentran en la farmacia, y que contienen azúcares y sales necesarias para el equilibrio del organismo.

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