Mi bebé y yo

Viajar con niños: ¿quién dice que no se puede?

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A menudo se suele pensar que viajar con niños es algo complicado que es mejor evitar. Sin embargo, no tiene que ser así. Esther Grau, mamá bloguera, nos relata su experiencia y nos da algunos consejos.

Nada más quedarme embarazada una de las primeras frase típicas y tópicas que tuve que oír fue: "¿Ya te has mirado bien las fotos de tus viajes?". Supongo que mi cara de "no entiendo nada" dio paso a una aclaración inmediata: "A partir de ahora olvídate de viajar, ya sabes con niños…"¿Quién dice que no se puede viajar con niños? Ser madre, convertir Cada día en Domingo, tal y como explico en mi blog, y seguir viajando son esas cosas que no solo son compatibles, sino que se complementan la una a la otra.

¿Ser madre tiene que impedir que hagas lo que te gusta hacer o, por el contrario, ser madre añade un elemento más a aquello que te gusta hacer? De hecho, después de tres años de experiencia como madre, me he dado cuenta que el hecho de viajar, positivo para mí desde siempre, ha ganado un elemento más: disfrutar del viaje con mi hija, descubriendo nuevas facetas de los lugares que ya conocía o descubriendo juntas otros nuevos.

Una experiencia infinitamente más positiva
Todos hemos oído estudios que nos dicen cosas tan obvias como que "viajar abre la mente" o "amplía nuestra visión del mundo". Sin embargo, buscando más información, me quedo con la afirmación de un prestigioso neurólogo, David Eagleman, profesor en la Facultad de Medicina de Houston (Estados Unidos) que en una entrevista para un diario afirmaba: "Los adultos tienen un sentido más comprimido del tiempo que los niños. Viajar te pone neuralmente en la misma posición que cuando eras un niño". Y esa era la clave de todo, los niños tiene una clave temporal y una capacidad de absorción muy superior. Así pues, viajar con niños, con mi hija, se convierte en una experiencia infinitamente más positiva.

Lo primero, sentido común
Sentido común, esa es otra de las claves. Tuve claro desde el primer momento que al incluir a mi hija en nuestros viajes cambiaban los tiempos, los objetivos y la logística. Una persona más, por pequeña que sea, incluye una maleta más, un espacio más en cualquier medio de locomoción y, sobre todo, una organización diferente del tiempo y del espacio. Las visitas a una ciudad, pongamos Londres como ejemplo, incluye de pronto Hyde Park, el museo del juguete, los restaurantes espaciosos y luminosos, un apartamento en lugar de la habitación de un hotel, los supermercados además de los mercadillos y otra serie de detalles que se organizan antes de salir o se van solucionando sobre la marcha. Eso sí, un antitérmico a mano, por si acaso, o unas pegatinas para entretenerse durante un largo vuelo pueden solucionarte la vida.

Una explosión de estímulos nuevos
Hace falta estar muy confuso y equivocado para decir que a un niño le puede resultar perjudicial pasar unos días o unas semanas en un ambiente diferente. Siguiendo con Londres, yo he visto a mi hija, cuando apenas empezaba a hablar, entenderse a la perfección con los niños de un parque que, lógicamente, solo hablaban inglés. La he visto adaptarse a las comidas de Oslo después, eso sí, de unos primeros intentos negativos. La he visto, con apenas dos años, disfrutar de un viaje en tren de varias horas y jugar en una charca en un parque de Estocolmo.

Una personalidad con sus propios gustos
Un viaje ya no puede ser un maratón. El "tempo" de la visita se ha de adaptar necesariamente al del bebé, a sus horarios, a su velocidad de desplazamiento, a sus horas de sueño... pero, sobre todo, a algo que a veces se pasa por alto: a sus gustos. Al emprender el viaje, el peque es un viajero más y tiene voz y voto, aunque a veces no nos preocupemos de preguntarle o de traducir sus quejas o sus alegrías. Sabe lo que quiere, solo que no lo lleva memorizado, sino que lo aprende sobre la marcha. Así que, incluyamos en las visitas las tiendas de juguetes, los parques, las avenidas anchas en las que pueda correr, las grandes escalinatas, los museos llenos de colorido y todo lo sabido sobre locales adaptados. Descubriréis otro mundo, desde luego, al tiempo que él o ella lo va descubriendo. ¿Puede haber una experiencia mejor?

Esther y su hijaEsther Grau se define como mamá 100%, comunicadora de profesión y bloguera con incontinencia creativa que intenta convertir cada día de la semana en domingo.

Podéis seguirla en www.cadadiaesdomingo.com

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