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Escuelas Waldorf: ¿en qué consiste su filosofía?

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Conoce cuál es el tipo de educación que se imparte en las escuelas Waldorf en función de la edad del niño, dónde tienen su origen y qué celebridades han cursado sus estudios en este tipo de escuela.

La pedagogía Waldorf tiene sus raíces en la investigación del científico y pensador austríaco Rudolf Steiner (1861-1925). De acuerdo a la filosofía de Steiner, el ser humano es una individualidad de espíritu, alma, y cuerpo, cuyas capacidades se despliegan en tres etapas de desarrollo hacia la madurez del adulto: primera infancia, niñez, y adolescencia.

¿Cómo surgieron las escuelas Waldorf?

En 1919, Steiner visitó la fábrica de cigarrillos Waldorf Astoria, en Stuttgart, Alemania, y habló a los trabajadores sobre la necesidad de una renovación social, una nueva forma de organizar la sociedad, su vida política, cultural y económica. Era su propuesta de la llamada Tripartición o Triformación social. El dueño de la fábrica, Emil Molt, le solicitó a Steiner si podría encargarse de establecer y dirigir una escuela para educar a los hijos de los empleados de su empresa en este nuevo sentido social, preservando lo cultural-educativo dentro de la esfera de la libertad, sin interferencia de lo político ni de lo económico. Así nació la Escuela libre Waldorf. La educación que recibieron estos niños fue tan innovadora y evolucionada que pronto comenzaron a surgir escuelas Waldorf en Alemania y luego el movimiento de escuelas Waldorf se extendió por el resto de Europa y el mundo. Durante el régimen nazi, las escuelas Waldorf fueron prohibidas, pero volvieron a abrirse después de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy en día, hay cerca de 1000 escuelas en más de 40 países, además de escuelas públicas que aplican métodos Waldorf para enriquecer sus enseñanzas. Tanto es así que la UNESCO apoya y promueve esta pedagogía, destacando la educación que en el niño logra sin descuidar los aspectos relacionados con su salud física y emocional. También muchos gobiernos, como los de Irlanda, Australia, Alemania, Israel, etc, apoyan oficialmente la educación Waldorf.

Entre las celebridades que han estudiado en estas escuelas, se encuentran Jennifer Aniston (1969), Kenneth Chennault, Michael Ende, Sandra Bullock, Barbara Becker, Meret Oppenheim, Ferdinand Alexander Porsche, Linn Ulmann, Kristen Nygaard y Nira Bravo.

¿En qué se basan las escuelas Waldorf?

Según Rudolf Steiner, "no hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el hombre para mantener el orden social establecido, sino ¿qué potencial hay en el ser humano y qué puede desarrollarse en él? De este modo, será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de las jóvenes generaciones".

Cuando un niño puede relacionar lo que aprende con sus propias experiencias, su interés vital se despierta, su memoria se activa, y lo aprendido se vuelve suyo. Las escuelas Waldorf están diseñadas, precisamente, para propiciar este tipo de aprendizaje.

Por ello, el método de Steiner se basa en proveer al niño de lo que necesita en cada momento de su evolución. En este sentido, el proceso de desarrollo del niño y el ser humano se puede dividir en septenios (períodos de siete años).

Primera infancia (0 a 6 años)

Los niños pequeños se entregan totalmente a su entorno físico, absorben el mundo, sobre todo, a través de sus sentidos y responden con el modo más activo de aprendizaje y conocimiento: la imitación. La imitación es la capacidad de identificarse con el entorno a través de la voluntad activa: la acción y el hacer. Todo (ira, amor, alegría, odio, inteligencia, estupidez) le habla al niño a través del tono de voz, el contacto físico, los gestos corporales, la luz, la oscuridad, el color, la armonía y la desarmonía. Estas influencias son absorbidas por el organismo físico, todavía muy maleable, y afectan al cuerpo para toda la vida.

Los allegados al niño pequeño (padres, niñeras, maestras y maestros de educación inicial y jardín de infancia) tienen la responsabilidad de crear un entorno que sea digno de esta imitación incondicional del niño. El entorno debe ofrecer al niño amplias oportunidades para la imitación plena de sentido y para el juego creativo. Esto apoya al niño en la actividad central de estos primeros años: el desarrollo de su organismo físico. Desviar las energías del niño de esta tarea fundamental para atender exigencias intelectuales prematuras le roba la salud y vitalidad para su vida posterior. También debilita las mismas capacidades de juicio e inteligencia práctica que el maestro quiere fomentar.

En el jardín de infancia, los niños juegan a cocinar; se disfrazan y se vuelven madres y padres, reyes y reinas; cantan, pintan y dibujan. A través de canciones y de poemas, aprenden a disfrutar el idioma, aprenden a jugar juntos, escuchan historias, ven obras de títeres, hacen pan, preparan sopa y ensaladas de frutas, modelan con cera de abejas y construyen casas a partir de telas y cajas. Involucrarse de forma total en este tipo de trabajos es la mejor preparación del niño para la vida. Desarrolla las capacidades de concentración, el interés, y el amor por aprender.

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Niñez (7 a 13 años)

Cuando los niños están listos para dejar el jardín de infancia y entrar en el colegio, están deseosos de explorar el mundo entero por segunda vez. Antes, se habían identificado con él y lo habían imitado; ahora, a un nivel más consciente, están listos para conocerlo otra vez por medio de la imaginación (ese poder o capacidad extraordinaria de la cognición humana) que nos permite "ver" una imagen, "oír" una historia y "adivinar" los signficados dentro de las apariencias.

Durante los años de escuela primaria, la tarea del educador es traducir todo lo que el niño necesita saber acerca del mundo al lenguaje de la imaginación, un lenguaje que es tan exacto y corresponde tanto a la realidad como el análisis intelectual en el adulto. Las riquezas de épocas antiguas menos intelectuales, con sus leyendas, mitos y relatos folclóricos, que dicen la verdad a través de parábolas e imágenes, se vuelven fuente inagotable de tesoros para el maestro. La naturaleza, el mundo de los números, las matemáticas, las formas geométricas y el trabajo práctico del mundo, cuando se miran a través de la lente de la imaginación, se vuelven el mejor alimento para el alma del niño. Las cuatro operaciones pueden, por ejemplo, ser introducidas como personajes de una obra teatral, que los niños de primer año actúan con mucho temperamento y disfrute. Todo aquello que apela a la imaginación y al sentir verdadero activa y moviliza los sentimientos, facilitando el aprendizaje y la memoria. Los años de primaria son el tiempo para educar la "inteligencia del sentir".

Es sólo después de los cambios fisiológicos de la pubertad, con los cuales se completa la segunda gran fase de desarrollo del niño, cuando el aprendizaje imaginativo sufre una metamorfosis, para emerger como capacidad racional y de abstracción intelectual.

Adolescencia (14 a 21 años)

Durante la gloriosa turbulencia de la adolescencia, la personalidad celebra su independencia y busca explorar el mundo otra vez en una forma nueva. En su interior, el/la joven, el ser humano hacia quien los años de educación han sido dirigidos, está madurando calladamente. Pronto, emergerá la individualidad de su ser.

Según la concepción de Steiner, este ser esencial no es producto ni de la herencia ni del entorno; es una manifestación del espíritu. El terreno sobre el que se afirma y en el cual hunde sus raíces es la inteligencia que ha madurado, a partir de la matriz de la voluntad y el sentir, hasta llegar al pensamiento claro y experimentado. En la sabiduría tradicional, es éste el ser que toma posesión de sí mismo alrededor de los 21 años, se hace "mayor de edad", y entonces está listo para emprender la verdadera tarea educativa (la autoeducación), que distingue al adulto del adolescente.

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