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Disminuir la concentración de ácaros en el ambiente es el primer paso para prevenir los trastornos relacionados con la alergia. Las medidas principales son: ventilación y limpieza. Así hay que actuar:
Ventilar a diario y durante bastante tiempo la casa, especialmente, las habitaciones. Los ácaros proliferan en ambientes cálidos y húmedos. Por lo tanto, la temperatura de las habitaciones deberá situarse alrededor de los 20 ºC. Mientras que la humedad no deberá superar el 40-50%.
Aspirar semanalmente la casa y las superficies de tela, como colchones o sofás, con un aspirador (preferiblemente, que funcione con agua y que disponga de filtros “hepa”, que pueden eliminar mejor el polvo, los ácaros muertos y sus excrementos), insistir especialmente en las costuras, donde la concentración de ácaros es mayor.
Utilizar fundas para colchones y almohadas y lavarlas con una cierta frecuencia (al menos, cada dos o tres meses). Los ácaros mueren a 60 ºC.
Elegir ropa de cama antialérgica, que evita la proliferación de bacterias y ácaros.
Dos o tres veces a la semana, utilizar un spray acaricida. Sin embargo, hay que tener presente que incluso los ácaros muertos pueden desencadenar alergia. Esta medida sirve únicamente para disminuir su concentración, pero no pueden sustituir al resto de precauciones.
Durante la limpieza, mantener la ventana abierta y procurar que el niño no esté presente.
Utilizar un purificador de aire, con tecnología iónica, ayuda a garantizar un ambiente sano en casa. Libre de impurezas y de ácaros.


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