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El efecto más claro del cambio de hora en nuestro organismo es que éste nota que hay menos horas de luz. Los más afectados por este cambio horario son los lactantes y las mascotas, aunque los niños, y también nosotros, los adultos, experimentaremos cambios en nuestro estado de ánimo.
En el caso de los adultos, es normal que, durante estos días, te sientas más cansado, más apático e irritado. Es la conocida como la depresión del otoño y está relacionada con la disminución de horas de luz. Para que nuestro cerebro segregue serotonina, sustancia causante del bienestar y la alegría, necesita luz. El hecho de contar con una hora menos de luz repercute en la producción de serotonina, que disminuye sus niveles en el cerebro. Esto, sumado al desajuste horario que sufre nuestro organismo en comidas, sueño y hábitos, es lo que nos provoca el cansancio, la apatía y, en algunas ocasiones, el malestar físico. Pero, no te preocupes, todos estos síntomas son pasajeros.
Nuestro organismo sólo necesita tiempo para adaptarse a los nuevos horarios. El cansancio, la tristeza y la apatía sólo son los resultados de ese reajuste. En el caso de los niños, los efectos son aún más visibles. Posiblemente, encuentres a tu hijo nervioso, cansado, apático y con problemas para conciliar el sueño. No te preocupes, sólo necesita tiempo. Necesitará hacer una adaptación gradual a la hora de irse a dormir.
Los lactantes también sufren este cambio horario. Si tienes un bebé y no quieres que sufra al adaptarse a la nueva rutina, basta con adelantar cada toma diez minutos, cada dos o tres días.


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