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Descarga eléctrica: cómo actuar

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El cuerpo del niño puede sufrir una descarga eléctrica cuando entra en contacto (directamente o través de un objeto metálico) con un conductor eléctrico.

El niño puede sufrir una descarga eléctrica cuando su cuerpo entra en contacto, de forma directa o a través de un objeto metálico, con un conductor eléctrico. En general, las consecuencias se limitan a un gran susto. En los casos más graves, el niño puede perder la conciencia y sufrir una reducción del flujo sanguíneo que los médicos llaman shock y que no hay que confundir con el susto. Además, si la descarga eléctrica es prolongada, el calor desarrollado por la corriente puede provocar una quemadura. En el caso de descarga eléctrica, el niño puede separarse por sí solo del objeto que la ha causado. Está consciente, aunque muy asustado y llora (¡lo cual es una buena señal!).

Lo que hay que hacer es interrumpir inmediatamente la corriente eléctrica y controlar la piel del niño en la zona por donde ha pasado la corriente: si sólo está enrojecida, hay que ponerla bajo el chorro de agua fría. Y, naturalmente, también hay que tranquilizar al niño.

Distinto es el caso si ha producido una quemadura. Si la quemadura es superficial, la piel suele estar oscura, pero pegada a la dermis, o bien se puede formar una ampolla. En este caso, se puede atender al niño en la propia casa y no se necesita la intervención del médico. Hay que empapar con agua fría una gasa y aplicársela sobre la piel. Después, hay que cambiar frecuentemente la gasa empapada sobre la parte quemada, para mantenerla fresca. Pasados unos diez minutos, hay que quitar la gasa y aplicar una capa abundante de crema antiquemaduras. Para finalizar, hay que cubrir la herida con una gasa estéril y fijar sus lados con un esparadrapo.

Si, por el contrario, la quemadura es amplia y profunda y el niño puede haber sufrido un ligero shock, aunque está consciente, pálido, tiene sudor frío, náuseas y debidilidad muscular, hay que tumbar al niño con las piernas ligeramente más elevadas que la cabeza (basta con ponerle una almohada debajo de las rodillas), taparle con una mantita y darle de beber una taza de agua caliente azucarada. Si tiene náuseas o el niño vomita, hay que tumbar al niño, con la cara de lado, de modo que no se ahogue con el vómito. Después, hay que llamar al pediatra o llevar al niño a un centro de urgencias. Para finalizar, si la quemadura afecta a las capas más profundas de la piel, hay que aplicar sobre la zona afectada un paño empapado en agua y llevar al niño, lo antes posible, a un centro de urgencias.

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