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Hemorragia en el niño

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La hemorragia es una pérdida de sangre abundante, que puede resultar preocupante para el niño en el caso de que sea abundante y no se pare.

 
La hemorragia es una pérdida de sangre abundante, que puede comportar algunos riesgos para el niño, si es muy abundante y no se logra detener. Una pérdida abundante de sangre hace que la presión de la sangre en el aparato circulatorio asuma valores tan bajos que no se consiga proporcionar oxígeno a los tejidos. Para comprender lo que esto significa, intenta pensar en una caldera a la que, de repente, se le vacíe mucha agua: el agua que queda no tendrá la presión suficiente para circular y la caldera dejará de funcionar.

Las hemorragias se distinguen en hemorragias externas, si la sangre sale fuera, o bien en hemorragias internas, si se produce en el interior del cuerpo.

1. Hemorragia externa. Este tipo de hemorragia es evidente y es de mayor o menor gravedad, según el tipo de daño causado a los tejidos. Se debe hacer lo posible para detener la hemorragia y prevenir el shock.

2. Hemorragia interna. En presencia de una hemorragia interna, el niño puede no presentar heridas visibles y, al menos incialmente, no advertir ninguna molestia. Puede estar provocada por un trauma, como por ejemplo, un accidente de coche o la fractura del fémur.

 

 

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