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Las mordeduras de animales

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La mayoría de mordeduras que los niños sufren están ocasionadas por perros o gatos. ¿Cómo tratar este tipo de lesiones?

 
La mayoría de mordeduras que los niños sufren están ocasionadas por animales, sobre todo, por perros ygatos, y más raramente por otros animales domésticos o de granja (gallinas, conejos, etc.). Sea cual sea el "culpable", hay que prestar mucha atención para que la herida no se infecte a causa de las bacterias presentes en los dientes y en las uñas de los animales (existe infección, si la piel se enrojece y se hincha alrededor de la herida, ésta desprende mal olor y se forma pus).

El peligro de que el niño pueda contraer la rabia como consecuencia de una mordedura es remota, si el animal vive en una ciudad, donde, en general, los perros y los gatos están vacunados, o si se trata de un animal doméstico. El riesgo es un poco más elevado en las zonas de campo, donde los animales domésticos pueden estar contagiados por animales más salvajes o en el caso de que se trate de un gato o de un perro vagabundo.

La mordedura del animal depende de su fuerza y de su tamaño, y puede provocar una herida superficial o llegar a lacerar los tejidos. En este segundo caso, lo primero que hay que hacer es llevar al niño a un centro de urgencias cercano, para que limpien y mediquen la herida. Por el contrario, en el caso de una mordedura superficial, puede bastar con la intervención de mamá o papá. Para una limpieza correcta, la herida debe limpiarse durante diez minutos bajo un chorro de agua corriente y limpiarse con jabón líquido, dejando que sangre, con el fin de que los gérmenes nocivos se alejen del flujo de la sangre. Para finalizar, hay que desinfectar la herida con una gasa empapada en algún producto desinfectante.

Si al niño le ha mordido un perro, un gato o un animal salvaje, hay que llevarle a un hospital para que le pongan la vacuna antirrabia. El efecto de la vacuna dura diez años, por lo que si el niño se ha vacunado con anterioridad, no es necesario volver a vacunarlo.

Cuándo hay que dirigirse al pediatra

La intervención del pediatra es necesaria si:

- La herida es profunda (penetrante o con laceración).

-  El animal parece enfermo, es vagabundo o bien ha agredido al niño sin motivo.

- Se sabe que el animal no ha sido vacunado contra la rabia.

- La herida parece estar infectada.

- El dolor o el enrojecimiento aumentan después del segundo día.

 

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