La tortícolis es una espasmo doloroso, de origen inflamatorio o nervioso, en los músculos del cuello. Quien la sufre sufre un dolor repentino y agudo en la parte posterior y lateral del cuello y en la parte superior del dorso.
En caso de tortícolis, los músculos del cuello están tensos y contraidos. Quien tiene tortícolis sufre un color repentino y agudo en la parte posterior y lateral del cuello y en la parte superior del dorso. El dolor puede ser muy ligero o bien muy agudo. La cabeza está inclinada hacia un lado por efecto de la contracción de los músculos. La cara está ligeramente inclinada hacia delante y dirigida hacia la parte que no provoca dolor. Éstas son algunas de las causas de la tortícolis: una mala postura del cuello mantenida durante mucho tiempo, quizás durante el sueño, leyendo en la cama o mirando el ordenador o la tele. Pero también pueden ser causa de tortícolis una columna vertebral no alineada (en este caso, el peso de la cabeza es sostenido, principalmente, por el cuello, que está sometido a un esfuerzo superior a lo normal), una esfuerzo excesivo, un movimiento brusco, un constante estado de tensión de los músculos de la espalda o un golpe de frío. Todos estos factores pueden provocar calambres en los músculos que sujetan en cuello.
El descanso es el remedio más sencillo y eficaz. Al cabo de algunos días, el músculo se relaja y ya no duele. Es importante saber que cualquier intento de forzar el movimiento del cuello obtiene un único resultado: el de empeorar la situación. Si el dolor es fuerte, el pediatra puede prescribir fármacos a base de paracetamol o ácido acetilsalicílico, que hay que tomar cuatro veces al día, hasta, al menos, 24 horas después de la desaparición del dolor.
Cuándo dirigirse al pediatraLa opinión del pediatra puede ser necesaria en estos casos:
- La tortícolis del niño se debe a un golpe o a un accidente: en este caso, no se debe mover al niño hasta la llegada del médico.
- El niño ha perdido la sensibilidad en un brazo o en la mano o en el parte superior del tórax.
- El dolor es muy fuerte.
- El niño tiene fiebre y no alcanza a tocar el tórax con el mentón.
- El niño tiene menos de cinco años.
- No consigue dormir por el dolor.
- Sufre tortícolis recurrentes.
- La tortícolis empeora y no mejora pasados tres días.
- El dolor se extiende al brazo y a la parte superior de la espalda.