Mi bebé y yo

Mamá, ¿somos ricos?

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Y yo le respondo: ¿tú que crees? Con una mirada tranquila y despacio, me responde: Por una parte, creo que si pudiera, me gustaría tener muchos juguetes, una casa muy grande, miles de chuches, de bicis, de balones..., pero por otra parte...

 

...si me fijo en la tele y veo a otros niños del mundo… creo que casi siempre salgo ganando. Veo niños desnudos en las noticias, llorando, con sus casas destruidas por el barro, el agua, el fuego o las bombas. Veo niños que no encuentran a sus padres tras el desastre, el terremoto o el atentado. Niños que no juegan, que están solos o enfermos. Entonces, mamá, sé que somos ricos.

Hay muchas formas de riqueza y en el primer mundo sabemos que vivimos en la sociedad del bienestar. Pero podemos valorar esa sensación de riqueza y abundancia o, por el contrario, sumergirnos en el círculo compulsivo de necesitar cada vez más.

Me gustaría inculcar a mi hijo la idea de que ser próspero, rico y abundante es un regalo maravilloso. Me gustaría contribuir a la sensación de que todo lo que tenemos es bien recibido, es valorado y agradecido. Me gustaría que mi hijo recordara sus palabras y se sintiera feliz por estar en este país, esta ciudad y esta forma de vida amistosa frente a otras que están en el mismo mundo donde la vida encuentra un camino mucho más hostil.

Cuando me encuentro con niños y jóvenes frustrados en su universo de abundancia, enfadados continuamente sin saber por qué y tremendamente enrarecidos con sus familias a las que exigen más y más, no puedo más que entristecerme y pensar en que debemos insistir en generar ambientes más amistosos, mejores hábitos de consumo y una nueva cultura más allá de las cosas.

Tener de todo (a pesar de la archiconocida crisis) y en abundancia es algo maravilloso de lo que sentirnos muy afortunados. Utilizar nuestros recursos y buscar la prosperidad en nuestras vidas es un buen objetivo. Vivir sólo con el fin de acumular o conseguir sin valorarlo, para mí, no lo es tanto.

Así pues, propongo la idea de riqueza y abundancia para disfrutar, compartir, mejorar, para otros fines, para otros empeños… De nada sirve, a mi modo de ver, la riqueza que separa y crea barreras, que distingue, que destruye, que engulle, que contamina y margina y, para colmo, no hace feliz.

Sí, vivamos en la abundancia que ya tenemos y, además, disfrutemos plenamente de ella.

PD. Empecé este artículo antes de que ocurriera el desastre de Japón y creo que precisamente porque las condiciones de vida pueden cambiar en un sólo instante, aprendamos a  agradecer y valorar nuestros preciados bienes siempre, …los materiales también.

Un artículo de Ana Méndez, 8 de marzo de 2011
Coach personal. Colaboradora de N-Acción - Asociación para el Desarrollo del Coaching y la Inteligencia Emocional.

 

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Comentarios (2)

Invitado - invitado
"Es más rico el que menos necesita" todo esta en nuestra forma de pensar y ver la vida. Besos
Invitado - invitado
enorabuena por tener un hijo tan inteligente!! y por querer inculcarle estos buenos principios!! te deseo lo mejor en la aventura del criar a un hijo con la pespectiva de qu edebemos de ser felizes con lo que tenemos y lo afortunados qu esomos por ello.. y si biene algo más.. bienvenido sea pero no sacrificar cosas o momentos especiales como es cada segundo que se pasa con un hijo por tener algo mas. un beso!!:D