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Mitos sobre la tos: verdadero y falso

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¿Existen diferencias entre la bronquitis, el broncoespasmo, la hiperreactividad bronquial y el asma? ¿Qué hay de cierto en los mitos que circulan sobre la tos?

Tendemos a confundir la bronquitis, el broncoespasmo, la hiperreactividad bronquial y el asma. La bronquitis y la bronquiolitis son infecciones de los bronquios causadas por algún microbio. Cuando se padecen tres o más bronquitis, es muy probable que se trate de un asma, aunque se le siga llamando bronquitis. Broncoespasmo quiere decir que los músculos de los bronquios se contraen y los bronquios se estrechan. El broncoespasmo no es una enfermedad por sí misma, sino que es una parte, un componente de los síntomas que aparecen en el asma. Veamos qué hay de cierto en relación con los mitos que circulan sobre las enfermedades relacionadas con la tos:



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El asma es una enfermedad diferente de la hiperreactividad bronquial: falso
La hiperreactividad bronquial o broncoespasmo es el estrechamiento de los bronquios debido a una reacción exagerada al contacto con los virus, bacterias o alergenos irritantes. Cuando esto sucede, se obstruye el paso del aire de los bronquios pulmonares y, en consecuencia, la respiración se vuelve difícil y va acompañada de un silbido característico (pitos) y de tos seca. El broncoespasmo no es una enfermedad por sí misma, sino que es una parte, un componente de los síntomas que aparecen en el asma.

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La hiperreactividad está relacionada con la alergia: falso
Un niño puede verse afectado por hiperreactividad bronquial sin ser alérgico. Esta reacción exagerada puede ocurrir, por ejemplo, como consecuencia de una enfermedad respiratoria causada por bacterias o virus. La hiperreactividad bronquial no es un sinónimo de la alergia. Es una prueba del hecho de que en niños predispuestos a la hiperreactividad bronquial puede aparecer la tos característica con un silbido, incluso con una gripe o una bronquitis causada por una bacteria.

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Es probable que la alergia se cure con el tiempo: verdadero
La hiperreactividad bronquial tiende a desaparecer espontáneamente alrededor de los cuatro a cinco años de vida. Distinto es el caso de la hiperreactividad debida a la alergia. En este caso, lo más probable es que el trastorno pueda desaparecer después de la pubertad y en edad adulta, especialmente si el alergeno responsable es el ácaro del polvo, presente en el medio ambiente. 

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La hiperreactividad es hereditaria: verdadero
Existe una predisposición hereditaria a la hiperreactividad bronquial. También se ha observado que el riesgo de desarrollarla aumenta en los niños expuestos al humo. 

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Una casa con polvo aumenta el riesgo: verdadero y falso
Si la hiperreactividad bronquial no está causada por una alergia a los ácaros del polvo no aumenta el riesgo si en casa hay polvo. En otras palabras, no es cierto que los ácaros del polvo causen el estrechamiento de los bronquios en niños propensos al broncoespasmo. Si el asma es debida al contacto con los ácaros, resulta imprescindible implementar medidas antiácaros porque la exposición continuada a este alergeno puede provocar una inflamación de los bronquios, que pueden conducir a la aparición de una grave crisis respiratoria.  En este caso, la casa siempre debe estar limpia. 

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La cortisona siempre va bien: falso
El broncoespasmo necesariamente debe ser controlado con medicamentos, ya que se trata de una dificultad en la respiración que puede debilitar al niño. Los medicamentos que se deben usar son broncodilatadores inhalados durante períodos más o  menos cortos (dependiendo de la opinión de la pediatra). Si los broncodilatadores no son suficientes para resolver la dificultad en la respiración, generalmente, el pediatra prescribe cortisona para aliviar la inflamación. Pero ello queda a su juicio. 

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Reglas antiácaros
Si el niño padece asma alérgica causada por ácaros que se esconden en el polvo es esencial seguir las siguientes medidas: eliminar cortinas y edredones que puedan contener ácaros, no utilizar lana ni plumas, optar por la espuma, cambiar la almohada cada tres años,  airear las mantas y las colchas, utilizar almohadas y colchones con revestimientos especiales antiácaros, lavar las fundas de almohadas y de las toallas dos veces por semana, eliminar las alfombras, limpiar con frecuencia y con mucho cuidado los libros, limpiar cada dos días la habitación del bebé antes de usar la aspiradora y luego pasar un paño húmedo,  evitar los juguetes de felpa, evitar limpiar en presencia del pequeño. 

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