Mi bebé y yo

La zorra presuntuosa

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Una pequeña zorra decidió explorar la selva en la que vivía. Se alejó de su casa y empezó a caminar. Junto a la orilla del estanque oyó a un gran sapo que decía: “Preciosa”.

El animal se refería a la mañana resplandeciente, pero la zorra se pensó que aquel cumplido iba dirigido a ella. Contenta, prosiguió su camino. En un momento dado, oyó entre las hojas la voz del elefante que decía:
“¡Eres verdaderamente preciosa!”.
El paquidermo le hablaba a su esposa, la elefanta rosa, pero la pequeña zorra no la vio y, por tanto, no dudó, ni siquiera un momento, de que aquel cumplido iba dirigido a ella. Cada vez más engreída por aquellos piropos, prosiguió su camino con la cabeza bien alta. Al cabo de poco tiempo, de debajo de la tierra, se alzó una voz:
“¡Eres magnífica, pero para mí verdaderamente inalcanzable!”.
Quien hablaba era el viejo topo y el objeto de su admiración era la espléndida águila que él, desde sus intricados túneles que cavaba bajo tierra, conseguía atisbar muy mal en el cielo. La pequeña zorra no entendió a quién se refería el topo y, por tanto, se convenció de que también sus palabras se dirigían a ella. Cada vez más presumida, prosiguió su camino, cuando se tropezó con el feroz león, el cual, después de mirarla, le dijo:
“Eres verdaderamente una criatura afortunada. Las estrellas velan por ti. Acabo de pegarme un festín y no tengo hambre. Por tanto, te perdono la vida. ¡Corre, vete, antes de que me arrepienta!”.
Entonces, la pequeña zorra estalló literalmente de orgullo. Se sentía una criatura especial: de extraordinaria belleza, además de besada por la fortuna. Se paró delante de un arroyo para mirar su reflejo en el agua y saborear con tranquilidad sus triunfos. Sin embargo, un lucio sacó la cabeza del agua y le dijo:
“Tienes el hocico puntiagudo y los ojos demasiado cerca. ¡Eres horrible y muy fea!”.
La pequeña zorra le miró con desprecio y pensó inmediatamente que el comentario poco halagador del lucio se debía a una gran envidia. Por tanto, aún se sintió más bella y se alejó con un aire, si es posible, más arrogante.

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