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Loquios: qué son

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Los loquios, o pérdidas de sangre, aparecen después del parto, duran unos 40 días y son la señal de que el útero vuelve a la normalidad. ¿Cómo son y qué hay que controlar?

​​Los loquios son pérdidas, al principio de sangre, que después cambian de aspecto. Los loquios comienzan inmediatamente después del parto y pueden prolongarse hasta el final del puerperio, los clásicos 40 días después del nacimiento.

Inmediatamente después de la fase de expulsión del niño, el útero se contrae y se coloca en la zona situada encima del ombligo. De 10 a 15 días después del parto, el útero ya está a la altura del pubis y, al final del puerperio, ha recobrado sus dimensiones normales. El peso del útero también cambia. Si bien, cuando el niño nace, pesa en torno a un kilo, después de 40 días vuelve a los 60-90 gramos de siempre.

Pero ¿a qué es debido este cambio? Las causantes son las células musculares del útero que se reducen en volumen y en cantidad, y que se alisan produciendo unas pérdidas que reciben el nombre de loquios.

Cuáles son las causas los loquios

Los loquios o pérdidas de sangre están provocados por tres fenómenos:

- El desprendimiento de la placenta, el órgano que ha suministrado oxígeno y nutrientes al feto durante el embarazo. En el punto del útero donde estaba adherida la placenta, se forma una herida que empieza a sangrar. A este punto "acuden" inmediatamente una gran cantidad de glóbulos blancos para formar una barrera de defensa frente a los posibles gérmenes que podrían provocar una infección en la herida. Conforme se forma este escudo protector, las pérdidas de sangre producidas por la herida se reducen. Este proceso suele finalizar el cuatro semanas después del parto. Sin embargo, no se trata de un proceso normal de cicatrización, sino más bien de una reconstrucción de los tejidos. Si sobre el punto en que estaba adherida la placenta se formase una cicatriz, en el futuro no podría producirse la implantación de un nuevo óvulo fecundado.

- La eliminación de la capa que recubre el útero durante el embarazo constituye el segundo elemento que provocan los loquios. Esta capa está compuesta por un abundante tejido, que con su presencia hace del útero un lugar acogedor para el feto y que es expulsado en su mayor parte en el momento del parto. La capa más profunda de este tejido se elimina lentamente produciendo los loquios.

- La destrucción por lisis de parte de las fibras del útero, al acabar la gestación, da lugar a parte de esa secreción llamada loquios.

Cómo cambian los loquios

- Durante los primeros 7-8 días después del parto, las pérdidas son más bien abundantes, tienen un color rojo vivo y están acompañadas de contracciones del útero, que le permiten liberarse más fácilmente de los residuos. El contenido de las primeras pérdidas de sangre está formado por sangre, fragmentos de membranas de la placenta y microorganismos.

- Pasados unos 10 días, la cantidad de sangre disminuye gradualmente. La herida de la placenta se está cerrando y los loquios toman un aspecto amarillento, un color cerúleo en el que pueden observarse pequeñas huellas de sangre. Estas pérdidas contienen un líquido similar al suero de la sangre, en el cual están dispersos los glóbulos blancos, restos de la membrana que recubre el útero, moco y pequeñas cantidades de glóbulos rojos.

- Pasados 15 días después del parto, las pérdidas toman un aspecto cremoso y blancuzco, y su contenido está formado, sobre todo, por glóbulos blancos, fragmentos de tejido epitelial y células de la membrana que recubre el útero, que ya están degeneradas.

¿Y si se presenta fiebre y hemorragias?

Si las pérdidas se convierten de improviso en muy abundantes y son hemorrágicas, debemos consultar con el médico. Lo mismo, si las pérdidas desprenden mal olor o si la mamá tiene fiebre. Estos síntomas pueden hacer sospechar en una endometritis, una infección bastanta rara del tejido interno que cubre el útero y suele resolverse con la administración de antibióticos.

Desaparecen antes si se da el pecho

Si la mamá amamanta a su hijo, las pérdidas pueden durar menos de 20-30 días. La succión del niño activa en el organismo materno un reflejo que lo obliga a producir dos hormonas: la prolactina y la oxitocina. La primera garantiza una producción constante de leche, mientras que la oxitocina estimula las contracciones del útero facilitando y acelerando la eliminación de los residuos.

Es necesaria una higiene cuidadosa

Durante todo el período de los loquios, es necesario seguir unas rigurosas normas de higiene:

- ​ Evitar las relaciones sexuales. El cuello del útero aún no está completamente cerrado y las sustancias infectadas pueden alcanzar este órgano y provocar una infección.

- Lavarse la zona con un jabón específico, que contiene el mismo grado de acidez que las mucosas vaginales. Hay que lavarse efectuando un movimiento de la vagina al ano, y no al revés, para evitar difundir los gérmenes presentes en la zona anal.

- Secar cuidadosamente la zona con una toalla y sin frotar.

- Utilizar compresas y cambiarlas frecuentemente, y evitar los tampones, que favorecen la entrada de gérmenes en el útero.

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