Mi bebé y yo

Los contratiempos del posparto

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Pequeños contratiempos tras el parto: dificultad para orinar, dolor en los músculos, calambres, fatiga, hemorroides, tirones en los puntos de la episiotomía... Qué es normal, qué no y qué remedios hay.

Si el parto ha ido bien, los tiempos y ritmos de la mujer y del bebé han sido respectados, el nacimiento da a la nueva madre una sensación de alegría y de energía. Pero en las horas que siguen el parto es posible que tengas que hacer frente a algunos contratiempos. Te explicamos cuáles.

Dificultad para orinar

Una de las primeras preocupaciones de las matronas es asegurarse de que la madre orina sin problemas. En el paso por el canal del parto, la cabecita del bebé puede "estirar" la uretra, que puede quedar afectada. La falta de estímulo para orinar puede hacer que la vejiga se llene hasta aumentar su volumen y hacer más difíciles las contracciones naturales con las que el útero vuelve a su tamaño. Un pequeño truco para orinar consiste en dejar correr el agua del grifo o ponerte a remojo en el bidé. Generalmente, este fenómeno pasa tras el primer día.

Rotura de capilares

Afecta principalmente a la esclerótica, que es la parte blanca del ojo, y más raramente a la cara y al pecho. La rotura de los capilares puede ocurrir durante la fase expulsiva, cuando se empuja con mucha fuerza, o aguantando la respiración, con la boca cerrada y empujando hacia abajo. Esto crea un aumento de presión en la vena cava superior (que lleva la sangre de la parte superior del cuerpo al corazón) y los capilares conectados con este gran vaso sanguíneo se congestionan y rompen. Es posible que en algunas mujeres juegue un papel determinante la predisposición genética a la fragilidad capilar.

Para esto no se necesita ningún tratamiento: el problema se resuelve al cabo de unos pocos días.

Sensación de mucho cansancio

Si todo ha ido bien, inmediatamente después del nacimiento, es probable que la madre se sienta eufórica y llena de energía. Pero dos o tres horas después puede empezar una especie de colapso. Es una reacción normal del cuerpo, que ha realizado mucho esfuerzo y necesita recuperarse. La fatiga será más intensa para aquellas mamás que tienen otros hijos que cuidar, o que han trabajado hasta el último momento. Lo que hay que hacer es simplemente una cosa: satisfacer, en la medida de lo posible, la necesidad de descanso. El consejo es dormir con el bebé al lado. Él, por su parte, ha vivido momentos muy intensos y ahora comparte con su madre la necesidad de recargar las pilas.

Hemorroides

El parto es una dura prueba para los vasos sanguíneos del recto, llamados el plexo hemorroidal. Impulsados por la presión de la cabeza del pequeño que se abre paso hacia el exterior, es probable que estos vasos sobresalgan del ano, causando malestar, pesadez, dolor, y a veces llegando a hacer difícil sentarse. Las probabilidades de tener esta molestia son más altas, si el problema ya había aparecido durante los últimos meses del embarazo.

El primer remedio a usar tras el parto es la bolsa de hielo: el frío reduce la sensación de dolor y la congestión de los vasos sanguíneos.

También puedes hacerte gasas con caléndula, milenrama y malva: en un litro de agua hierve 6 cucharadas de cada una de estas hierbas, y déjalas reposar durante unos diez minutos y cuélalas. Las hierbas filtradas, envueltas en un pañuelo de algodón, se aplican en el área del dolor, mientras que el agua puede ser utilizada para los lavados. Sin embargo, existen productos específicos para este fin, que resultan óptimos para aliviar este trastorno.

También es importante beber mucho y seguir una dieta rica en frutas y verduras, que hacen que las heces sean más suaves.

En la gran mayoría de los casos, el problema se resuelve en cuestión de una semana o diez días.

Tirones de los puntos de la episiotomía

Hoy, la episiotomía, la pequeña incisión quirúrgica del periné, se reserva para casos en los que hay que acortar el tiempo de nacimiento y no como una medida preventiva ante los desgarros, frecuentes pero menos graves que los daños causados con la intervención. Si te la han hecho, puedes notar que, en las primeras horas después del parto, cuando el efecto de la anestesia disminuye, las suturas empiezan a dolerte.

Una solución puede ser hacer el bidé con desinfectantes y emolientes para la higiene íntima (también en este caso la caléndula es ideal).

Secar bien la zona, dando pequeños toques con una gasa, sin frotar.

Si sientes dolor, puedes usar un medicamento como el paracetamol.

En unos 4 ó 5 días el problema debe quedar resuelto.

Dolor en los músculos, calambres

Todos los músculos participan en el esfuerzo que supone el parto: es natural que, después de dar a luz, especialmente los músculos de la espalda, se resientan un poco. Menos natural es que duelan los músculos de los muslos y la ingle, de los que muchas madres se solían quejar en el pasado. Esto se debe al hecho de que, en el trabajo de parto, las mujeres se mantenían varias horas en posición ginecológica , con las piernas abiertas, una condición nada natural a la que todavía son sometidas algunas mujeres.

Especialmente si se prolonga la segunda etapa del trabajo de parto, puedes sentir calambres en las piernas. Esto es debido a la acumulación de ácido láctico, el residuo producido por los músculos durante el trabajo de extensión y flexión, como cuando haces mucha gimnasia. Para evitar estos problemas, debes prepararte para el parto con estiramientos, yoga y  natación, actividades que ayudan a los músculos a crecer y a soportar la tracción prolongada. También es importante cambiar frecuentemente de posición durante el parto, siguiendo el instinto y probando poco a poco la que sea más cómoda. Si las molestias musculares son muy intensas, puede ser útil aplicar un poco de gel de árnica, incluso varias veces durante el día.

Muchas ganas de llorar

Generalmente, se tienen junto con la subida de la leche, unas 48-72 horas después del nacimiento. Los expertos hablan de baby-blues, un conjunto de melancolía, tristeza y nostalgia de la barriga que ya no está. Se trata de un fenómeno completamente fisiológico, que afecta la gran mayoría de madres. ¿El consejo? No te preocupes y no te creas débil por esto: tómalo como lo que es, un signo de normalidad. Es un poco como si la madre naturaleza permitiera que la madre hablara el mismo lenguaje que su hijo – que llora para comunicarse- despertando su parte más instintiva, menos racional y más emocional. Sería diferente si la tristeza persistiese durante mucho tiempo y se convirtiera en una depresión. En este caso, debes hablar con la familia y el médico de cabecera, que te ofrecerá los medios necesarios para hacerle frente y resolver la situación.

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