Mi bebé y yo

Puerperio: cuarenta días especiales

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Mientras tu cuerpo recupera a la situación que tenías antes del embarazo, tú creas la relación con tu bebé. He aquí algunos consejos prácticos para vivir mejor el puerperio.

En el pasado, los cuarenta días siguientes al parto se consideraban un período “especial”, durante el cual la mamá tenía que quedarse en reposo y dedicarse sólo a su bebé, mientras las demás mujeres de la familia se ocupaban de todas las tareas domésticas. Hoy en día, la sociedad ha cambiado mucho, pero las seis semanas del puerperio siguen siendo un momento importante en la vida de la mujer.

Nace una mamá

Una mamá empieza a nacer cuando descubre que espera un bebé, o incluso antes, cuando empieza a desearlo. Pero es en el período del puerperio cuando la mujer, cuidando de su hijo, aprende a conocerle y amarle, convirtiéndose en madre. Las primeras semanas después del nacimiento están dedicadas al conocimiento recíproco, cuando se consolida la relación entre la mamá y el bebé. Para que la mujer pueda sintonizarse con las necesidades y las señales del pequeño, necesita tiempo y tranquilidad en un ambiente protegido y sereno, sin interferencias externas.

Pero ¿cómo hay que gestionar las visitas y las llamadas de familiares y amigos para garantizar a la mamá la tranquilidad necesaria? Formando un equipo con el futuro papá y organizando un plan de acción. Una solución puede ser invitar a los familiares a visitar al bebé en el hospital y, al volver a casa, filtrar las visitas. Cuidar de un recién nacido es una fuente inagotable de emociones, pero también un compromiso físico y emocional que, al principio, puede ser agotador.

Un tiempo pasa lentamente

La rutina diaria, en las primeras semanas de vida del niño, cambia muchísimo. No hay que tener prisa para volver a los ritmos de antes, aunque a menudo las expectativas de la sociedad nos empujen hacia esta dirección y nos quieran enseguida activas, eficientes y en forma.

Un recién nacido tiene tiempos distintos de los nuestros, y el día está marcado por sus necesidades. En las primeras semanas, la reciente mamá se adecua a los tiempos de su hijo, de día y de noche, sin mirar nunca al reloj. En esto, está ayudada por la situación hormonal del posparto que, gracias a la prolactina, hace que esté “predispuesta” a satisfacer las exigencias de su hijo.

El puerperio también es una fase de regulación de la lactancia: la mamá y el bebé deben acostumbrarse a las tomas, el organismo materno calibra la producción de leche según la necesidad del bebé y la mamá ve crecer su confianza en sí misma y en sus propias capacidad para alimentar a su pequeño lo mejor posible.

El cuerpo cambia

Las transformaciones del cuerpo durante el embarazo modifican, poco a poco, el organismo materno. Después del nacimiento, el cuerpo vuelve a transformarse, pero en tiempos mucho más reducidos. En pocas semanas, vuelve a la normalidad: el útero recupera el tamaño de antes del embarazo en 7-10 días, los órganos abdominales y pélvicos vuelven a su posición en el abdomen en pocas semanas y, si la mamá ha sufrido de hinchazón y retención de líquidos, en pocos días, el cuerpo elimina los líquidos en exceso y la circulación sanguínea vuelve a la normalidad.

Si durante el parto ha habido una laceración o se ha efectuado una episiotomía, es necesario esperar unos días para la absorción de los puntos. Si la mujer ha tenido una cesárea, necesitará descansar y evitar cualquier esfuerzo hasta la cicatrización completa de la herida.

Finalmente, el puerperio se caracteriza por la secreción de loquios, es decir, pérdidas de sangre que duran hasta 3-4 semanas. Al principio, son abundantes y de color rojo brillante. Después de las primeras semanas, empiezan a reducirse de forma progresiva, con un color rosado y un aspecto “seroso”, hasta desaparecer por completo. Si la mamá da el pecho, la duración de las pérdidas se reduce, porque la oxitocina (la hormona que estimula la secreción de leche y la contractilidad uterina) facilita la involución del útero, que vuelve rápidamente a su tamaño original. Para la mamá es un período de importantes transformaciones: el organismo debe disponer del tiempo necesario para adaptarse a la nueva situación.

Ayuda práctica y alentadora

En los primeros días en casa, los nuevos papás necesitan intimidad para conocer a su bebé. Por eso, es importante que la mamá pueda contar con la ayuda práctica de personas de confianza: su pareja, un familiar o una amiga que se encarguen de las tareas diarias. Pero, cuidado: para que esta persona sea realmente de ayuda, no deberá ofrecerse para cuidar al bebé mientras la mamá se ocupa de las tareas. La mamá debería poder descansar y centrarse en el bebé, mientras otra persona se ocupa de todo lo demás.

¿Cómo conciliar la necesidad de apoyo con los eventuales consejos no solicitados, o incluso las críticas? La mamá debería tener a su lado personas que la animen a confiar en sí misma y en sus capacidades. Las personas que dan consejos y críticas pueden crear ansiedades y dudas en la reciente mamá, que interfieren con su serenidad. Es mejor seleccionar las ayudas e involucrar más a las figuras que respetan las elecciones de la mamá.

Nunca sola

¿Y si la mamá no tiene familiares o amigas disponibles y está sola en casa con su bebé? Cuando una persona está sola, todas las dificultades parecen más grandes, y se pasa demasiado tiempo preguntándose si lo que se está haciendo es correcto o no. En estos casos, es mucho mejor salir y verse con otras mamás. Se pueden buscar, ya desde el embarazo, referencias de consultorios, asociaciones o grupos de autoayuda de mamás que organizan encuentros en la zona de residencia. Compartir emociones, dudas y experiencias es un verdadero elixir: permite no sentirse solas y redimensionar los temores, viendo que también otras mamás tienen las mismas preocupaciones.

Finalmente, puede ocurrir que las mamás se sientan un poco tristes, también debido a la situación hormonal peculiar del posparto. Pero si la tristeza, en lugar de resolverse, aumentara, lo mejor es hablarlo con el médico, la matrona u otros profesionales.

Al aire libre con el bebé.

Tu bebé llora y está más agitado que de costumbre, y no hay forma de hacer que se duerma. A veces, la solución está delante de nuestros ojos, justo fuera de la puerta de casa. Dar un paseo con el bebé, con el fular, la mochila o la sillita, es bueno tanto para el bebé como para la mamá, porque permite romper una situación de nerviosismo y, literalmente, “cambiar de aire”. Al aire libre el bebé se distrae, se relaja, a veces se duerme, y la mamá recupera el buen humor. Además, la exposición a la luz del sol permite sintetizar la vitamina D, esencial para el correcto desarrollo de los huesos.

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