Te explicamos, paso a paso, todo lo que debes saber para afrontar el postoperatorio de la cesárea y las primeras semanas: cicatrización, molestias, dolores, lactancia, etc.
Tanto si la cesárea es programada como si se decide en el último momento, debido a una situación de emergencia, lo importante es que tu bebé y tú estéis bien. Todo lo que debes saber para no encontrarte con sorpresas inesperadas en las horas y las semanas posteriores a la cesárea. Con la ayuda de la matrona y del personal del hospital, el inicio de la lactancia y de tu vida de nueva mamá será absolutamente tranquilo y gratificante.
Clica en la foto para verla más grande
¿Cansada y desorientada? ¡No te preocupes!
Una vez finalizada la intervención y de vuelta a la habitación del hospital, serás asistida durante unas horas, justo el tiempo que tu organismo necesita para recuperar su eficacia y funcionalidad completamente. Te deberán alimentar e hidratar por vía endovenosa hasta que puedas tomar tu primera comida sólida, que será la cena. Además, te pondrán una sonda que te permitirá vaciar la vejiga con regularidad, hasta que el pipí sea abundante y su color sea normal.
En algunos hospitales, el anestesista todavía deja puesto el catéter de la epidural durante un período de tiempo de entre 24 y 48 horas después de la intervención, con el fin de controlar la administración del analgésico también en esta fase. Lo mismo ocurre cuando la cesárea ha sido complicada (con hemorragias o complicaciones) y existe la posibilidad de que el cirujano tenga que realizar una intervención suplementaria. Por último, en algunos casos, puede aplicarse un drenaje en la herida, para drenar las posibles pérdidas de sangre.
Alivio inmediato del dolor y el malestar
Las mamás temen, y es comprensible, el momento en el que el efecto de la anestesia pase y el dolor se despierte. Sin embargo, hoy en día, se suele administrar a las mamá un tratamiento analgésico desde el momento en que entra en la habitación, antes de que pueda advertir la más mínima señal de malestar.
Normalmente, la administración del tratamiento se efectúa durante los primeros cuatro días después del parto. De todos modos, es aconsejable avisar al personal en caso de malestar (por ejemplo, náuseas).
Se puede dar el pecho desde el principio
Nada impide que la mamá se ponga al bebé al pecho desde el primer momento. Lo que cuenta es que ambos, mamá y bebé, estén cómodos. Por ejemplo, la mamá se puede tumbar de lado y pedir ayuda al personal, que colocará al bebé con la boca a la altura del pecho. Asimismo, la mamá puede sentirse más cómoda boca arriba, con el niño colocado debajo de la axila y con la cabecita encima del pecho. Durante la toma, es completamente normal sentir algunas contracciones: son los denominados “entuertos”, que, poco a poco, devuelven al útero a su tamaño habitual.
Prevenir el riesgo de una flebitis
En algunos hospitales, a las mamás que han dado a luz por cesárea se les prescribe un tratamiento anticoagulante, para prevenir el riesgo de flebitis (formación de un trombo en una vena de las extremidades inferiores). La administración del medicamento se realiza mediante inyección y se prolonga durante unos días.
Reactivar el funcionamiento del intestino
Por efecto de la anestesia, de algunos procedimientos requeridos por la propia intervención y de la inmovilidad parcial en los días posteriores a la cesárea, es normal que se produzca una ralentización de la función intestinal. La suma de estos factores lleva, la mayoría de las veces, a una acumulación de gases y al estreñimiento. Para favorecer la reactivación de la peristalsis (movimientos intestinales), es preciso que, desde el primer día, la mamá tenga la oportunidad de tomar una bebida y de comer un par de galletas. Si esta medida no es suficiente, se puede tratar de masajear el vientre en el sentido de las agujas del reloj, inspirado durante bastante tiempo y empujando para expulsar los gases del abdomen. No hay que tener miedo a que estas maniobras puedan abrir la herida. Dar unos pasos también puede poner el intestino en movimiento. El ejercicio físico estimula la musculatura intestinal y favorece el tránsito. En unos días, todo volverá a la normalidad.
Primeros pasos con la matrona
Dividida entre el deseo de coger en brazos al bebé y el temor a sentir dolor, a la nueva mamá le cuesta encontrar la posición ideal. Pero, en las primeras 24 horas, es preciso permanecer echada sobre la espalda, con el fin de favorecer la circulación y la cicatrización. Si bien esta inmovilidad forzada puede parecer frustrante, siempre es bueno atenerse a los consejos del personal sanitario.
Después, en 24-48 horas, será posible empezar a levantarse, por supuesto, con la ayuda de la matrona: hay que ponerse de lado, flexionar las piernas y sentarse, apoyándose sobre los brazos. Una vez sentada, la mamá tendrá que poner los pies bien pegados al suelo y, con la ayuda de otra persona, podrá levantarse, dirigiendo la mirada hacia delante.
En caso de pérdidas abundantes...
En el posparto, se producen pérdidas de sangre roja con pequeños coágulos: el útero expulsa los residuos de mucosa que estaban en contacto con la placenta.
Existe una diferencia respecto a las mamás que dan a luz por vía vaginal: los “loquios” (el sangrado típico del puerperio) son un poco más intensos después de la intervención. Alrededor del quinto día, las pérdidas disminuyen y adquieren un color rosado, prolongándose durante unas semanas más (hasta dos meses). Si se intensifican en color o cantidad, es preciso acudir al médico.
La cicatrización
Durante la recuperación, la matrona o la enfermera efectuarán la cura de la herida a diario, y controlarán que no haya ningún problema.
Al cabo de 48 horas, es probable que retire el vendaje, para permitir una cicatrización ideal en contacto con el aire. En caso de infección, posibilidad poco común, los síntomas son enrojecimiento, supuración y aumento de la temperatura. En este caso, el médico prescribirá un tratamiento antibiótico, que solucionará el problema rápidamente. Si el corte no se ha suturado con hilo reabsorbible, la enfermera retirará los puntos en un período que oscila entre cinco y diez días.
Al llegar a casa, debes ser prudente
La duración de la convalecencia hospitalaria puede variar en función de las condiciones específicas de la nueva mamá y del protocolo de la clínica o el hospital. Normalmente, el alta se produce en el quinto día. Habitualmente, en esta fase, las mamás suelen sorprenderse al constatar que no tienen sensibilidad en la zona de la operación. Esta molestia es pasajera, pero puede durar cinco o seis meses.
Sin embargo, la cicatriz puede dar la sensación de picor y tensión cutánea, como si “tirase”. No debes preocuparte: el único cuidado recomendado es la aplicación diaria de una crema o de una leche hidratante realizando un masaje suave. De todos modos, en este período, hay que ser prudente. Al mínimo signo extraño (vómitos, fiebre, dolor en las pantorrillas o sangrado importante), es obligatorio acudir al médico enseguida y evitar cualquier tipo de esfuerzo (como transportar y levantar pesos).
Darse tiempo para recuperar el bienestar
Con la intervención, las franjas musculares y los ligamentos de la zona afectada se han sometido a una dura prueba. Necesitarán cuatro o cinco días para recuperar el tono. Por esta razón, puede ser útil ejercitarlos con suavidad y delicadeza.
Es otro de los motivos que justifican una visita al ginecólogo, para que efectúe una exploración de control a las 6-8 semanas después del parto, de manera que pueda valorar si es conveniente realizar ejercicios perineales específicos, que pueden aprenderse siguiendo las indicaciones del médico o de la matrona, o bien en un cursillo posparto.
(Votos )
Accede o regístrate para votar esta foto
vota esta foto
ya has votado
votación añadida correctamente
por favor accede de nuevo
No puedes votar más de tres veces
¿Cansada y desorientada? ¡No te preocupes!
Una vez finalizada la intervención y de vuelta a la habitación del hospital, serás asistida durante unas horas, justo el tiempo que tu organismo necesita para recuperar su eficacia y funcionalidad completamente. Te deberán alimentar e hidratar por vía endovenosa hasta que puedas tomar tu primera comida sólida, que será la cena. Además, te pondrán una sonda que te permitirá vaciar la vejiga con regularidad, hasta que el pipí sea abundante y su color sea normal.
En algunos hospitales, el anestesista todavía deja puesto el catéter de la epidural durante un período de tiempo de entre 24 y 48 horas después de la intervención, con el fin de controlar la administración del analgésico también en esta fase. Lo mismo ocurre cuando la cesárea ha sido complicada (con hemorragias o complicaciones) y existe la posibilidad de que el cirujano tenga que realizar una intervención suplementaria. Por último, en algunos casos, puede aplicarse un drenaje en la herida, para drenar las posibles pérdidas de sangre.
Alivio inmediato del dolor y el malestar
Las mamás temen, y es comprensible, el momento en el que el efecto de la anestesia pase y el dolor se despierte. Sin embargo, hoy en día, se suele administrar a las mamá un tratamiento analgésico desde el momento en que entra en la habitación, antes de que pueda advertir la más mínima señal de malestar.
Normalmente, la administración del tratamiento se efectúa durante los primeros cuatro días después del parto. De todos modos, es aconsejable avisar al personal en caso de malestar (por ejemplo, náuseas).
Se puede dar el pecho desde el principio
Nada impide que la mamá se ponga al bebé al pecho desde el primer momento. Lo que cuenta es que ambos, mamá y bebé, estén cómodos. Por ejemplo, la mamá se puede tumbar de lado y pedir ayuda al personal, que colocará al bebé con la boca a la altura del pecho. Asimismo, la mamá puede sentirse más cómoda boca arriba, con el niño colocado debajo de la axila y con la cabecita encima del pecho. Durante la toma, es completamente normal sentir algunas contracciones: son los denominados “entuertos”, que, poco a poco, devuelven al útero a su tamaño habitual.
Prevenir el riesgo de una flebitis
En algunos hospitales, a las mamás que han dado a luz por cesárea se les prescribe un tratamiento anticoagulante, para prevenir el riesgo de flebitis (formación de un trombo en una vena de las extremidades inferiores). La administración del medicamento se realiza mediante inyección y se prolonga durante unos días.
Reactivar el funcionamiento del intestino
Por efecto de la anestesia, de algunos procedimientos requeridos por la propia intervención y de la inmovilidad parcial en los días posteriores a la cesárea, es normal que se produzca una ralentización de la función intestinal. La suma de estos factores lleva, la mayoría de las veces, a una acumulación de gases y al estreñimiento. Para favorecer la reactivación de la peristalsis (movimientos intestinales), es preciso que, desde el primer día, la mamá tenga la oportunidad de tomar una bebida y de comer un par de galletas. Si esta medida no es suficiente, se puede tratar de masajear el vientre en el sentido de las agujas del reloj, inspirado durante bastante tiempo y empujando para expulsar los gases del abdomen. No hay que tener miedo a que estas maniobras puedan abrir la herida. Dar unos pasos también puede poner el intestino en movimiento. El ejercicio físico estimula la musculatura intestinal y favorece el tránsito. En unos días, todo volverá a la normalidad.
Primeros pasos con la matrona
Dividida entre el deseo de coger en brazos al bebé y el temor a sentir dolor, a la nueva mamá le cuesta encontrar la posición ideal. Pero, en las primeras 24 horas, es preciso permanecer echada sobre la espalda, con el fin de favorecer la circulación y la cicatrización. Si bien esta inmovilidad forzada puede parecer frustrante, siempre es bueno atenerse a los consejos del personal sanitario.
Después, en 24-48 horas, será posible empezar a levantarse, por supuesto, con la ayuda de la matrona: hay que ponerse de lado, flexionar las piernas y sentarse, apoyándose sobre los brazos. Una vez sentada, la mamá tendrá que poner los pies bien pegados al suelo y, con la ayuda de otra persona, podrá levantarse, dirigiendo la mirada hacia delante.
En caso de pérdidas abundantes...
En el posparto, se producen pérdidas de sangre roja con pequeños coágulos: el útero expulsa los residuos de mucosa que estaban en contacto con la placenta.
Existe una diferencia respecto a las mamás que dan a luz por vía vaginal: los “loquios” (el sangrado típico del puerperio) son un poco más intensos después de la intervención. Alrededor del quinto día, las pérdidas disminuyen y adquieren un color rosado, prolongándose durante unas semanas más (hasta dos meses). Si se intensifican en color o cantidad, es preciso acudir al médico.
La cicatrización
Durante la recuperación, la matrona o la enfermera efectuarán la cura de la herida a diario, y controlarán que no haya ningún problema.
Al cabo de 48 horas, es probable que retire el vendaje, para permitir una cicatrización ideal en contacto con el aire. En caso de infección, posibilidad poco común, los síntomas son enrojecimiento, supuración y aumento de la temperatura. En este caso, el médico prescribirá un tratamiento antibiótico, que solucionará el problema rápidamente. Si el corte no se ha suturado con hilo reabsorbible, la enfermera retirará los puntos en un período que oscila entre cinco y diez días.
Al llegar a casa, debes ser prudente
La duración de la convalecencia hospitalaria puede variar en función de las condiciones específicas de la nueva mamá y del protocolo de la clínica o el hospital. Normalmente, el alta se produce en el quinto día. Habitualmente, en esta fase, las mamás suelen sorprenderse al constatar que no tienen sensibilidad en la zona de la operación. Esta molestia es pasajera, pero puede durar cinco o seis meses.
Sin embargo, la cicatriz puede dar la sensación de picor y tensión cutánea, como si “tirase”. No debes preocuparte: el único cuidado recomendado es la aplicación diaria de una crema o de una leche hidratante realizando un masaje suave. De todos modos, en este período, hay que ser prudente. Al mínimo signo extraño (vómitos, fiebre, dolor en las pantorrillas o sangrado importante), es obligatorio acudir al médico enseguida y evitar cualquier tipo de esfuerzo (como transportar y levantar pesos).
Darse tiempo para recuperar el bienestar
Con la intervención, las franjas musculares y los ligamentos de la zona afectada se han sometido a una dura prueba. Necesitarán cuatro o cinco días para recuperar el tono. Por esta razón, puede ser útil ejercitarlos con suavidad y delicadeza.
Es otro de los motivos que justifican una visita al ginecólogo, para que efectúe una exploración de control a las 6-8 semanas después del parto, de manera que pueda valorar si es conveniente realizar ejercicios perineales específicos, que pueden aprenderse siguiendo las indicaciones del médico o de la matrona, o bien en un cursillo posparto.
 |