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Después del parto, las mamás suelen tener la tentación de recuperar la línea perdida durante el embarazo lo más rápidamente posible. Sin embargo, la dieta de las mamás que dan el pecho no debe ser restricitiva en absoluto, pero sí debe ser variada y equilibrada. Satisfacer el "apetito selectivo", es decir, seguir el instinto (que, a veces, nos guía hacia alimentos salados, grasos o dulces) equivale a garantizar al organismo lo que necesita realmente.
La leche materna: un abanico de sabores
La educación del gusto del niño no empieza durante la lactancia, sino antes, durante la vida intrauterina, cuando el niño, al tragar el líquido amniótico, empieza a familiarizarse con distintos sabores. También es cierto que la leche materna, a diferencia de la artificial, que siempre sabe igual, cambia en función de los hábitos alimentarios de la mamá. Se trata de una condición que tiene muchos beneficios para el niño:
- Estimula las sensaciones del gusto del bebé, que se habitúa primero a los sabores y a los aromas de los alimentos, empezando a formar sus preferencias por algunos alimentos. Representa una importante etapa del desarrollo sensorial y cognitivo del niño. - Prepara para la introducción de la alimentación complementaria del niño. El niño empieza a saborear los alimentos antes incluso de comerlos directamente. Por lo tanto, resultará más fácil introducir los nuevos purés.
- Madura el aparato digestivo. Habituar al bebé a ingerir pequeñas cantidades de sustancias diferentes favorece la formación espontánea de las enzimas necesarias para su digestión. Cuando el pequeño empieza a nutrirse directamente de estos alimentos, no tendrá problemas para digerirlos, y todavía le gustarán más.
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