Mi bebé y yo

Curso de preparación al parto: ¿cuál elegir?

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No es sólo una “clase” teórica sobre qué ocurre en el parto y cómo cuidar del bebé, sino también un espacio de crecimiento e intercambio. Así es como debería ser un curso de acompañamiento al parto. Pero ¿cómo hay que orientarse entre las distintas propuestas?

Encontrar una respuesta a nuestras necesidades

Por desgracia, en el lenguaje común, todavía hoy se habla de “cursos preparto” o “cursos de nacimiento”, pero estas expresiones no son correctas. Hacer un “curso” implica que alguien deba prepararse para hacer algo (un examen, un test), pero no es así: las “clases” no deberían tener la única finalidad de enseñar a la mujer cómo afrontar y gestionar el dolor del parto, sino que deberían constituir un espacio donde la futura mamá, sola o con su pareja, pueda ser escuchada y encontrar una respuesta a sus preguntas.

Los cursos (sería mejor hablar de “encuentros”) así concebidos son una gran ayuda no sólo para las mujeres que esperan su primer hijo, sino también para las mamás que, teniendo que cuidar de otros niños, tienen aún menos tiempo para encontrar un momento sólo para ellas. Muchos cursos todavía son una simple sucesión de clases divididas por temas, impartidos por una sola persona o por distintos expertos (la matrona, el ginecólogo, el pediatra, el anestesista…), que tratan los argumentos que les corresponden. Pero, de esta forma, muchas veces, se pone más atención en la competencia del profesional que en las necesidades reales de las mujeres.

Un encuentro a tu medida

Normalmente, en los cursos modernos de acompañamiento al parto, los padres descubren con alegría que ya tienen algunas competencias innatas y muchos recursos interiores. Quienes imparten los cursos no se presentan como expertos que instruyen y dan consejos, sino que priorizan las necesidades reales y las sensaciones personales de las mujeres embarazadas. En este sentido, las mamás son invitadas a participar activamente en cada sesión; las informaciones y el trabajo corporal dependen cada vez de las necesidades que salen a la luz en cada grupo.

Por eso, antes de elegir un curso, es oportuno informarse sobre los distintos tipos ofrecidos por los centros públicos y privados de la zona, para decidir basándose en nuestras propias necesidades. Hay que preferir los cursos organizados en módulos: sesiones de actividad informativa, de diálogo y de conocimiento de uno mismo con el movimiento del cuerpo. Este último aspecto puede ir desde simples ejercicios de respiración y relajación hasta momentos dedicados al canto, a la danza creativa o del vientre, al Tai-chi, etc.

También existen cursos pensados para las parejas: aquí, el futuro papá descubrirá qué puede hacer para apoyar física y psicológicamente a su pareja durante el embarazo, el parto y el posparto, intentando, por ejemplo, hacer algunos ejercicios de respiración, masajes y posiciones que ayuden a reducir el dolor.

La importancia de la actividad física

Ya que se da a luz y se amamanta con el cuerpo, es muy importante ser conscientes de éste. Gracias a los ejercicios hechos durante el curso, la mujer tiene la oportunidad de conocer o reconocer su potencialidades y sus límites físicos, y empieza a confiar en sus capacidades. El ejercicio físico, además, alivia las tensiones corporales y emocionales, y nos hace descubrir esa fuerza y ese conocimiento profundo, que serán los ingredientes principales para vivir el parto y la maternidad como experiencias de crecimiento y plenitud.

Por eso, es oportuno elegir un curso que permita empezar pronto, para tener todo el tiempo necesario para llevar a cabo un recorrido de autoconocimiento. Normalmente, se puede empezar a participar a partir del tercer mes de embarazo, cuando ya han desaparecido la mayoría de los riesgos de interrupción espontánea del embarazo.

Mejor una duración “flexible”

Muchos cursos tienen una fecha de inicio y de fin, con un número de sesiones que va de 10 a 20. Si la finalidad del curso es realmente acompañar a la mamá hasta el momento del nacimiento, no debería acabar ahí. Los encuentros deberían durar, al menos, hasta el parto, pero, incluso más, y no acabar antes: la interrupción, además, coincidiría con las últimas semanas de embarazo, período de fuerte estrés debido a la inminencia del parto.

Si el curso no tiene una duración precisa, en las sesiones participan mujeres de distintas edades gestacionales y los temas son más variados; además, es bonito volver a ver a las mamás con sus bebés, para contar su experiencia a las compañeras de curso. De esta forma, se crea más complicidad, apoyo y unión, y, a menudo, nacen amistades que duran incluso años después del parto. 

Éstas son las principales actividades físicas propuestas en los cursos de preparación al parto:

Stretching: es un ejercicio suave estudiado para favorecer el estiramiento y la relajación de los músculos de todo el cuerpo. Ayuda a que los músculos sean más elásticos, blandos y móviles, facilitando un trabajo de parto menos doloroso y más rápido.

Cuándo empezar: a partir del cuarto mes.

- Yoga prenatal: de esta antigua disciplina india, proceden muchas técnicas que, hoy en día, se usan para la preparación al parto, como los estiramientos, la eutonía, la hipnosis o el entrenamiento autógeno. Durante el embarazo, el yoga permite ponerse en contacto profundo consigo misma a través del movimiento, la respiración y las visualizaciones. Algunos ejercicios ayudan a relajar el periné, útil para la salida del bebé por el canal de parto. Durante el parto, el yoga ayuda a dejarse llevar, relajarse y abrirse. Entre una contracción y otra, la mujer vuelve a encontrar la fuerza, el equilibrio y la armonía interior.

Cuándo empezar: a partir del cuarto mes.

- El Tai Chi: es una práctica originaria de China, y se presenta como una especie de danza lenta. Se basa en simples secuencias de movimientos fluidos, lentos y armoniosos, que se inspiran en los elementos de la naturaleza. Llamado también “meditación en movimiento”, el Tai Chi ayuda a encontrar la calma, a relajar las articulaciones y a aliviar las tensiones. Muchas veces, la coreografía se acompaña de música agradable y tranquilizante. Durante el trabajo de parto, en las pausas entre una contracción y otra, los movimientos del Tai Chi reequilibran la energía y traen serenidad y paz interior.

Cuándo empezar: en cualquier época gestacional.

- Danza del vientre: es una potente danza proveniente del Oriente Medio que comporta el movimiento de todo el cuerpo, mejora el porte y la postura, alternando movimientos suaves y lentos con otros secos y rápidos. Es la danza por excelencia de las caderas, porque requiere mover con fuerza la zona pélvica, tonifica el periné, potencia los abdominales, los abductores y los glúteos. Además, mejora la imagen de una misma. Durante el trabajo de parto, los movimientos de la danza del vientre aumentan el diámetro pélvico, favorecen los movimientos de rotación y flexión fetal, así como la fase expulsiva.

Cuándo empezar: a partir del cuarto mes.

- Danza creativa: las mujeres son libres de bailar siguiendo de forma autónoma y creativa lo que algunas palabras, sonidos o imágenes evocan en ellas. Esta danza despierta el instinto, la fluidez y la flexibilidad, cualidades fundamentales para vivir serenamente los cambios psicofísicos debidos a la maternidad. Físicamente, comporta una especie de masaje interior, que trabaja en el sistema linfático, mejora la circulación, relaja las tensiones musculares y de la columna, y hace que las caderas sean más elásticas.

Cuándo empezar: en cualquier época gestacional.

Aguagym: el movimiento en el agua mejora la circulación venosa, el tono cardiovascular y la capacidad respiratoria. Reduce el edema de las extremidades inferiores y estimula la función de evacuación. Además, si en la piscina hay una temperatura de 33-34 ºC, esto proporciona un bienestar general, debido a la secreción de endorfinas facilitada por el agua caliente.

Cuándo empezar: en cualquier época gestacional.

- Pilates: esta actividad surgió en Alemania el siglo pasado. Este método propone ejercicios que se centran en el centro de gravedad de la mujer, que, durante el embarazo, tiende a desplazarse hacia delante a causa del peso de la barriga, provocando fuertes dolores de espalda. Los movimientos relajan los músculos del dorso, refuerzan los del periné e inducen a respirar de forma correcta.

Cuándo empezar: a partir de cuarto mes.

 

 

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