Mi bebé y yo

El parto: me lo esperaba diferente…

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Muchas expectativas para un evento tantas veces imaginado y muchas veces programado. Pero no siempre sale como estaba previsto en el guión. Lo importante es ser flexible y estar preparado para cualquier eventualidad.

Imaginado, soñado y esperado. Con la llegada del final del embarazo, las fantasías y las expectativas se concentran en la experiencia del parto. Una se pregunta cómo será, cuándo empezará, cuánto durará y cuáles serán nuestras reacciones y sensaciones en este momento tan particular de la vida. Fantasear sobre el nacimiento de nuestro bebé y alimentar las expectativas es normal, pero es importante dejar una puerta abierta a lo imprevisto, para no desilusionarnos si no conseguimos vivir la experiencia que habríamos querido. Recordemos, de hecho, que el trabajo de parto es un proceso involuntario e imprevisible, no podemos saber cómo será.

Palabra clave: flexibilidad

En nuestra sociedad, a veces, parece que el parto sea como un paquete que se puede elegir. Existen las “opciones” de parto en el agua, cesárea programada, parto con anestesia, parto en casa… Y casi parece que el nacimiento del bebé sea un evento programable, que se puede decidir sobre la mesa, previniendo cómo se desarrollará sobre la base de las propias expectativas y preferencias.

En realidad, es justo lo contrario: el parto es un proceso involuntario e imprevisible. Los mismos mecanismos fisiológicos que permiten su puesta en marcha y su buen desarrollo son involuntarios. Durante el trabajo de parto y en la fase expulsiva, el neocórtex, que es el área del cerebro responsable de la racionalidad, se pone en reposo y deja espacio a la parte más antigua e instintiva del cerebro. Dejarse ir, saber abandonarse y acoger el evento es importante para que todo proceda de la mejor manera. Una actitud flexible y abierta hacia el evento y los imprevistos ayuda a la mujer a vivir una experiencia positiva y a no quedarse desilusionada o turbada, si la realidad se aleja de sus expectativas.

Sin embargo, abrirse a lo inesperado en una sociedad que nos ha acostumbrado a programar y organizar cada aspecto de la vida no es fácil en absoluto. La fuerte medicalización del embarazo y los numerosos controles y pruebas, a menudo más frecuentes respecto a lo que está recomendado sobre la base de evidencias científicas, contribuyen a crear la ilusión de poder tenerlo todo bajo control en todas las situaciones. Pero la naturaleza ofrece el mensaje contrario: el parto no es un evento predecible, tal y como tampoco es previsible o programable la vida con un niño pequeño. El embarazo y el parto, en este sentido, representan un valioso “entrenamiento” para la paternidad, ya que convertirse en padres quiere decir ser abiertos y flexibles, preparados para adaptarse a las exigencias del propio niño y a las situaciones completamente nuevas que os encontraréis al vivir con él.

Hacia un parto informado y consciente

Hemos visto que no es posible programar el parto que queremos. Pero eso no significa que la futura mamá no pueda hacer nada para prepararse en vista del nacimiento: informarse durante el embarazo, hacerse una idea de las modalidades de parto posible y conocer las ventajas y desventajas de las diversas opciones es importante para comprender qué experiencia le gustaría vivir o para hacer elecciones conscientes. Abrazar lo que suceda, una vez empiece el parto, no quiere decir dejar todo al azar. Por ejemplo, es oportuno valorar con atención la estructura en la que dar la bienvenida al propio bebé, informándose a propósito de la asistencia que se ofrece a la futura mamá durante el parto y a propósito de las rutinas hospitalarias respecto al tratamiento del bebé.

En base a sus propias exigencias y prioridades, cada futura mamá decidirá cuál es el hospital más adecuado para ella. Si la mujer desea vivir una experiencia de parto natural sin intervenciones o interferencias no necesarias, elegirá un hospital respetuoso con la fisiología y los tiempos del parto. Si quiere dar a luz a su bebé con anestesia, elegirá un lugar que garantice este servicio y esté capacitado para gestionar esta modalidad de parto lo mejor posible. Si, en cambio, la pareja piensa dar la bienvenida a su bebé entre las paredes de su casa, se dirigirá a obstetras que asistan partos a domicilio. Cada mujer seguirá su camino en los meses de embarazo, recordándose que la información es clave para poder hacer decisiones conscientes. Pero recordando también que es necesario dejar una puerta abierta para lo imprevisto…

¿El parto perfecto? ¡No existe!

Cuando una desea fuertemente una cierta experiencia de parto y se encuentra viviendo una experiencia totalmente distinta, puede pasar que se sienta desilusionada, a veces incluso dolida y triste. Informarse y decidir es importante, pero también lo es no idealizar una modalidad de parto respecto a otra y no amargarse si las cosas no salen como nos hubiera gustado. ¡El parto perfecto no existe!

Por ejemplo, hoy en día, se intenta devolver al parto su normalidad a través de un mayor conocimiento y un mayor respeto de la fisiología. Sin embargo, si se producen complicaciones y se hace necesario, para preservar la salud de la mujer y del bebé, intervenir con una cesárea, no por eso se tiene que sentir “menos mamá” o “menos realizada”. Es cierto que el parto es una experiencia significativa, pero es sólo el principio de una serie de experiencias que unen a la madre y al niño día tras día. La sugerencia, cuando el parto no se corresponde con nuestras expectativas, es la de acoger las situaciones tal y como se presenten, y aceptar lo que ha sido, porque lo que ha sido nuestro parto nos ha permitido encontrarnos, o, mejor dicho, reencontrarnos, con nuestro bebé y empezar nuestra vida junto a él.

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