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Miedo al parto: ¿cómo superarlo?

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Cuando las preocupaciones acerca de las incógnitas del parto se vuelven patológicas, los expertos hablan de tocofobia. He aquí los consejos para superarla, con la ayuda de expertos. 

Experimentar un poco de ansiedad ante la idea de dar a luz es natural. Se trata de una experiencia nueva (siempre, ¡incluso cuando se trata del segundo o el tercer hijo!), que escapa a nuestro completo control, un viaje a lo desconocido. Desde el punto de vista psicológico, es un poco como si la mujer se encontrara en las mismas condiciones que el bebé que tiene que venir al mundo. De hecho, debe atravesar una especie de prueba, un rito de paso obligado. Y, por mucho que pueda intentar llegar preparada y desarrollar estrategias para afrontarlo, siempre queda un cierto margen de incertidumbre. Sin embargo, a veces, puede pasar que sean los temores los que prevalezcan. Los expertos hablan de tocofobia, o miedo patológico al parto.

Las señales de alarma

Uno de los síntomas del miedo patológico al parto puede ser la dificultad para descansar: los sueños de la futura mamá se llenan de pesadillas sobre el parto, o no consigue dormirse, o se despierta en medio de la noche con el pensamiento fijo en ese momento. Pero, para hacer entender a la mujer que el propio miedo ha superado la categoría de “fisiológico” y que está fuera de control, debe haber una sensación que le impida vivir serenamente el embarazo. De hecho, la angustia se convierte en la sensación dominante y se transforma en pánico.

A veces, no es la mujer quien se da cuenta de que hay algo que va mal, sino quien tiene algún tipo de relación con ella, como el ginecólogo. Por ejemplo, una señora que, al iniciar su embarazo, desde las primeras semanas, empieza a bombardear al médico con preguntas sobre el parto, expresando sus temores, hace pensar claramente que esta idea es muy turbadora para ella. Se trata de un miedo excesivamente precoz, que es necesario evaluar.

Pero ¿de qué se tiene miedo exactamente? Del dolor, de no saber empujar, de desgarrarse, de perder el control o, más en general, de que algo vaya mal. Otras veces, en cambio, esta emoción tiene sus raíces en la historia personal de la futura mamá, por ejemplo, si tiene el recuerdo de un parto precedente que, quizás, fue traumático. También puede pasar que la ansiedad surja debido a que la fecha prevista para el parto coincida con un día particularmente doloroso para la mujer, como el aniversario de la muerte de un ser querido o de un aborto precedente.

Buscar apoyo

¿Qué se debe hacer en estos casos? Lo importante es hablar de ello. A veces, es el mismo ginecólogo quien consigue escuchar y dar apoyo a la futura mamá. En otros casos, será él mismo quien le indique otro profesional a quien dirigirse, por ejemplo, un psicólogo. 

Sin embargo, se trata de miedo a enfrentarse al propio miedo, a tomar consciencia de él y a comprender sus diferentes facetas: de hecho, a veces, el temor al parto esconde alguna otra cosa y es importante abrir esa “caja” y conseguir mirar dentro para poder deshacer los nudos presentes.

¿La cesárea puede resolver el problema?

Uno de los atajos en los que se piensa más a menudo es en recurrir a una cesárea. ¿Pero de verdad puede ser una solución? Se trata de una decisión médica que debe ser considerada de forma cuidadosa. La cesárea es una verdadera intervención quirúrgica, con todos los riesgos que esto conlleva. Pensar en recurrir a ella exclusivamente para sofocar los propios miedos puede ser una simple ilusión. No es casualidad que muchas mujeres, después de haber fijado la fecha de la intervención, se den cuenta de que continúan teniendo ansiedad.

Por otra parte, es cierto que una cesárea permite tener bajo control muchos aspectos del parto: se conoce la fecha del evento, se sabe que no pasará durante la noche ni cuando la mujer esté sola… Pero también hay algunas contraindicaciones: el no sentir ciertas partes del cuerpo en un momento tan importante, el hecho de que sean otros los que manipulen el propio cuerpo y al bebé en sus primeros instantes de vida, el tener que afrontar el período posoperatorio, etc.

Posibles soluciones

A veces, el hecho de poder tener la seguridad de una protección analgésica desde el principio hasta el final del parto puede ser suficiente para aliviar a la mujer de su carga de ansiedad. En los casos en los que la ansiedad es particularmente fuerte, se podría pensar también en un parto inducido, que puede contribuir a darle a la mujer la sensación de tener un cierto control sobre lo que sucede, pero sin privarla de la experiencia de dar a luz a su bebé.

¿Pero es posible que la ansiedad y la angustia condicionen el inicio de la relación entre la mamá y el bebé? Por fortuna, en la gran mayoría de los casos esto no sucede. En general, después del parto, la alarma cesa. Y, pasada la tormenta, vuelve la calma.

El parto, una incertidumbre que hay que aceptar

Hacerle frente mentalmente, incluso con sus eventuales imprevistos: es la mejor manera de acercarse al parto. Sin embargo, las nuevas generaciones de mujeres están poco acostumbradas a esto, ya que han crecido dentro de una cultura del control, que las ha acostumbrado a programar todo hasta el más mínimo detalle. Hoy en día, antes de que el bebé nazca, lo ven en tres dimensiones a través de la ecografía, saben cuál será el sexo y el peso. Todos estos elementos contribuyen a reforzar la idea de que todo puede ser planificado. Y cuando nos damos cuenta de que esto no es así, es fácil sentirse abrumado por la ansiedad.

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