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La hipoxia cerebral (falta de oxígeno) provoca la muerte acelerada de neuronas. Esta destrucción acelerada de neuronas se detiene si antes de que el bebé tenga seis horas de vida se le coloca en un entorno frío (33 grados).
El entorno de frío controlado se puede conseguir rodeando al niño con un acolchado relleno de hielos o colocándolo sobre un colchón por el que circulan tubos de agua helada. La Maternitat del Hopital Clínic de Barcelona es uno de los centros hospitalarios donde se lleva a cabo este tratamiento. «Es el único tratamiento útil, en estos momentos, capaz de evitar la encefalopatía neonatal a la que conduce la falta de oxígeno», asegura el doctor Josep Figueras, responsable de Neonatología en la Maternitat. Las zonas del cerebro que ya se han destruido antes de aplicar el hielo son irrecuperables, pero el tratamiento consigue parar la destrucción de más neuronas.
Hasta hace cinco años, la encefalopatía neonatal era un síndrome inevitable e intratable en los hospitales de Europa y EEUU. Deja secuelas en un 20% de los niños que la sufren y causa la muerte inmediata a un 5%. En las formas graves de hipoxia, las consecuencias son inevitables y la supervivencia no alcanza al 25% de los afectados. Esas secuelas se traducen en dificultad para caminar, parálisis cerebral, ceguera, sordera y retraso mental.
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