Mi bebé y yo

Ayuda para hacer la voltereta

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Si el bebé, cuando aún está en el interior del útero, se presenta de nalgas de cara al parto, hay métodos, más o menos suaves, para revertir la situación. Te explicamos cuáles son.

¿El final del embarazo se acerca y el bebé no quiere saber nada de ponerse con la cabeza hacia abajo? Afrontar un parto vaginal con un bebé de nalgas entraña riesgos para la salud e incluso la vida del pequeño, y los ginecólogos están de acuerdo en recomendar, en estos casos, la cesárea. Pero aún falta la última palabra: antes de programar la intervención, hay algunas posibilidades de revertir la situación que debes considerar.

Puedes intentar "convencer" al bebé de que se gire espontáneamente, adoptando posiciones que favorecen el movimiento, o mediante el uso de técnicas suaves, tales como la acupuntura y la moxibustión, que no garantizan el giro, pero lo favorecen.

También se puede fomentar el giro con maniobras externas. En el hospital, con el quirófano listo por si apremia la necesidad de una cesárea de emergencia y bajo control ecográfico, la matrona puede ejercer una ligera presión sobre el abdomen de la futura madre empujando el feto para hacerle hacer la voltereta deseada. La medida, que se lleva a cabo generalmente entre la semana 36 y la 37 de embarazo, tiene éxito en un 40-60% de los casos. Con más frecuencia, si la mujer ya ha pasado por otros embarazos.

¿Parto natural? Mejor, no

Normalmente, alrededor de la semana 30, el bebé adopta espontáneamente la posición más favorable para el parto: al revés, con el eje longitudinal del cuerpo paralelo al de la madre, con las piernas flexionadas, los brazos recogidos en el tronco y la barbilla apoyada en su pecho. De esta manera, su cuerpo ofrece la menor resistencia posible al paso a través del canal de parto. En un pequeño porcentaje de casos, 4%, el feto sigue al final del embarazo en posición de nalgas, es decir, con la cabeza hacia arriba y las piernas flexionadas o extendidas. El parto vaginal con presentación de nalgas no es imposible. Su viabilidad depende del tamaño del niño que va a nacer. Intentarlo implica riesgos que la mayoría de los ginecólogos consideran absolutamente inaceptables y muy pocos están dispuestos a intentarlo. Existe la posibilidad de que la fase expulsiva empiece, aunque la dilatación permita que pase el cuerpo mientras que la cabeza, que tiene un diámetro más grande, quede bloqueada. También existe la posibilidad de que el cordón umbilical salga con las piernas y quede bloqueado impidiendo el paso de oxígeno.

La maniobra de giro

La maniobra de giro comporta menos riesgo que un parto vaginal con presentación de nalgas y es menos invasiva que la cesárea. Si las condiciones específicas del embarazo lo permiten, y si el parto se lleva a cabo en un ambiente controlado, pueden ahorrar a la mujer y al niño las dificultades y riesgos de la cirugía y la recuperación posoperatoria. Por lo general, se realiza un intento entre la semana 36 y 37 del embarazo, porque en ese momento el feto apenas es capaz de dar la vuelta de forma espontánea. Si tiene éxito y el pequeño no vuelve a girarse en los días siguientes, el problema queda resuelto y se  puede proceder con el parto vaginal.

Antes de realizar la maniobra, la futura madre se somete a una ecografía para comprobar la posición del feto, medir la cantidad de líquido amniótico, asegurar que el crecimiento del bebé es normal y comprobar la posición de la placenta. También se lleva a cabo una monitorización cardiotocográfica para evaluar el bienestar fetal. A la mujer se le administra un fármaco tocolítico para bloquear la actividad contráctil del útero.

Por último, bajo la guía de la ecografía, el ginecólogo o la matrona ejerce una presión controlada en el abdomen de la mujer embarazada, empujando suavemente la cabeza del bebé hacia abajo, de manera que facilite su rotación. Al final de la maniobra, se hace una nueva supervisión cardiotocográfica para comprobar el estado del niño. La maniobra no es dolorosa, sólo una molestia, aunque la percepción del dolor es un hecho subjetivo.

¿Cuáles son las contraindicaciones?

Los principales riesgos de la operación son la rotura de la placenta o daños en las extremidades del feto durante la rotación. La maniobra está contraindicada si la placenta es anterior, porque el ginecólogo no tiene acceso al pequeño manipulando el abdomen de la madre; también lo está si la placenta está situada de tal manera que cubre la abertura del cuello uterino, ya que, en este caso, el parto vaginal es, en cualquier caso, imposible. Otra contraindicación es si hay oligohidramnios o poca cantidad de líquido amniótico, porque para permitir el movimiento de rotación del bebé se necesita una cantidad normal. El desarrollo del feto debe estar en consonancia con su edad gestacional y la monitorización cardiotocográfica no debe mostrar ningún problema. La maniobra, por último, está contraindicada en presencia de un fibroma de grandes dimensiones o fibromas múltiples y en caso de cesárea previa.

Por lo general, no se utiliza la maniobra de giro para embarazos de gemelos. Si el primer gemelo, el situado más abajo de la pelvis de la madre, es cefálico, se puede proceder con el parto vaginal y la matrona o ginecólogo pueden intentar la rotación del segundo gemelo después de la expulsión del primero. En estos casos, sin embargo, la expulsión del segundo gemelo, aunque de nalgas, comporta menos riesgos, debido a que el paso de la cabeza del primer hermano garantiza una dilatación adecuada. Si el primer gemelo viene de nalgas, se prefiere recurrir a la cesárea.

Métodos alternativos

Antes de llegar a la semana 36 de embarazo, la mujer embarazada puede poner en marcha algunas estrategias para fomentar la rotación espontánea del feto. Tienen la ventaja de ser completamente inofensivas y no traumáticas, pero su eficacia es menor.

  • Adoptar posiciones que favorecen el giro del feto, como relajarse y quedarse estirada unos minutos con la pelvis, acomodada con almohadas para que quede más arriba que el tronco o por el suelo, sobre una colchoneta cómoda, con las piernas levantadas y apoyadas a la pared.
  • Moxibustión: consiste en acercar una punta caliente de un cigarro de artemisa encendido al lado externo del dedo pequeño del pie, cerca de la uña, y mantenerlo en esa posición durante unos segundos, eliminándolo cuando el calor se vuelva molesto.
  • La acupuntura: consiste en la inserción de una aguja en el mismo lugar. La moxibustión combinada con la acupuntura consiste en la aguja que luego se calienta con el cigarro de artemisa.

Estas acciones se llevan a cabo por lo general entre la semana 34 y la 35 de embarazo, cuando el feto todavía tiene espacio para dar la vuelta a tientas solo. No es necesario realizarlos en un hospital, ya que no implican ningún riesgo para la madre ni para el feto.

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