Mi bebé y yo

¿Cesárea? Sólo cuando es útil

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Un estudio de 2012 realizado por investigadores de la Universidad Americana de Rochester (estado de Nueva York) ha demostrado que, cuando no es necesaria, la cesárea no aporta ningún tipo de beneficio para el bebé. De hecho, si algo implica, es cierto riesgo.

La cesárea, en sí misma, es una intervención que salva vidas. En los países del hemisferio sur, donde a menudo esta oportunidad no está disponible, la mortalidad materna e infantil es mucho mayor. Como cualquier intervención médica y, en particular, las quirúrgicas, la cesárea implica un riesgo: debe ser, por tanto, practicada sólo en caso de necesidad real, por ejemplo, en presencia de ciertas enfermedades de la madre o en el caso de detectar sufrimiento en el pequeño.

Los riesgos están relacionados con posibles, aunque afortunadamente poco probables, complicaciones posoperatorias: desde efectos leves, como una larga estancia hospitalaria y mayores dificultades en la lactancia debido a la herida, a otros más graves, como una hemorragia o la necesidad de practicar una histerectomía, es decir, la extirpación del útero. A largo plazo, una consecuencia adicional puede ser una reducción de la fertilidad. En un embarazo posterior, debido a la cicatriz en el útero, la placenta se puede implantar de forma inadecuada.

En varios países se han activado ya una serie de directrices y recomendaciones que fomentan la comunicación entre los profesionales sanitarios y las mujeres con el fin de facilitar una decisión más informada y consensuada sobre el mejor modo de parto.

Embarazos demasiado medicalizados

El uso demasiado recurrente de la cesárea forma parte de un problema mayor, la medicalización excesiva de todo el proceso del parto. Lo que sucede durante el parto es sólo la punta del iceberg: el embarazo es considerado cada vez más una forma de patología que un evento fisiológico y natural. ¿Cómo restaurar el valor real de esta experiencia única? La respuesta es ofrecer a las mujeres la posibilidad de una elección informada. La futura madre, como cualquier ciudadano, tiene el derecho a ser debidamente informada y decidir de acuerdo con los distintos tratamientos médicos que pueden ser practicados.

La inducción no siempre es oportuna

Otro ejemplo de la medicalización del proceso de dar a luz es la inducción del parto. En el caso de la cesárea, es otro procedimiento que se utiliza a menudo sin una indicación apropiada. Y, como todas las intervenciones médicas, puede ser crucial para la salud si se hace en caso de verdadera necesidad, por ejemplo, si el embarazo continúa más allá de la semana 42 de gestación. De lo contrario, como muestra la investigación de la Universidad de Rochester, recurrir a una cesárea no aporta ningún beneficio y aumenta el riesgo. No sólo eso, si la inducción se realiza demasiado pronto, es decir, antes de la semana 37, puede significar un mayor riesgo para la salud del niño.

Así, la inducción del parto es útil si se realiza cuando está indicada, e inútil o incluso perjudicial cuando no se necesita.

Un mito que debe caer

Es una creencia común que quien ya ha parido por cesárea inevitablemente va a tener que pasar por este procedimiento en posteriores embarazos. Sin embargo, la evidencia muestra que una mujer con una cesárea anterior puede dar a luz de forma natural, basta con que haya pasado por lo menos un año entre partos. En el 60-80% de intentos el parto llega a buen puerto, mientras que solo en el resto de casos se hace necesario practicar una nueva cesárea.

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