Antonio tiene 25 meses, ¿a qué edad se quita el pañal? He intentado con el orinal sobre el inodoro, pero lo quiere hacer de pie. Saludos, una mamá con un problema a resolver, gracias.

Respuesta de Dr. Leo Venturelli

No hay una edad precisa para quitar el pañal, ya que cada niño tiene sus tiempos. En general, alrededor de los 24 meses, ya se puede intentar. Dicho esto, toda tentativa puede ser inútil si el pequeño todavía no ha alcanzado un grado de madurez suficiente en el sistema nervioso central, del que depende la percepción del estímulo y el control de la vejiga. Como indicación, los niños están preparados cuando pronuncian de forma correcta varias palabras, demostrando comprender su significado; cuando saben subir y bajar las escaleras sin apoyarse en la barandilla; saben manejar con destreza la cuchara, los juguetes y el biberón; y cuando pueden concentrarse en un juego durante al menos diez minutos seguidos. En general, todas estas habilidades no se alcanzan antes de los primeros dos años de vida.   

El verano es el mejor momento para decirle adiós al pañal o, al menos, para empezar con el entrenamiento del orinal, porque la posibilidad de ponerle al niño sólo la ropa interior hace mas fácil poner remedio a los inevitables “accidentes”. Aun así, lo ideal es esperar a estar de vacaciones, porque tener tiempo disponible permite tanto tener más paciencia como seguir con más paciencia esta etapa fundamental en el camino hacia la autonomía. Está bien empezar a dejarlo sin pañal durante el día, poniéndoselo para la siesta de la tarde y por la noche. Si está en el mar, basta con ponerle un bañador, mientras que si está en la montaña o en la ciudad es necesario también un pantaloncito (o falda). Lo importante es que se trate de una indumentaria rápida de quitar, y por lo tanto con un elástico en la cintura, sin botones o cremalleras.

Es necesario mostrar al niño dónde está el orinal (que es mejor poner en el baño) y explicarle muchas veces para qué se utiliza. Cada dos horas, más o menos, conviene invitarlo a sentarse, aunque no haya pedido hacer pipí o no parezca tener ganas. La permanencia en el orinal, sin embargo, debe ser muy breve: si en un par de minutos no pasa nada, se le debe permitir alzarse, pero recordándole que cuando se le escape el pipí tendrá que volver.

Es fundamental hacerle siempre compañía cuando esté sentado en el orinal, para no darle la impresión de que lo quiere abandonar a su suerte. Después de cada éxito, es bueno alabarlo mucho, felicitándolo por su valentía. Muchos niños aprecian un “¡choca esos cinco!” (señal inequívoca de alegría y fiesta), otros, en cambio, se divierten cuando oyen a la mamá y el papá decir “¡hurra!”.

Es necesario tener mucha paciencia y la capacidad de no perderla. En caso de accidentes, bajo ningún concepto se debe regañar al niño o burlarse de él, esto está absolutamente vetado. Además, no se recomienda hacerlo sentarse en el orinal, que podría transformarse en un castigo y afectar a la rapidez con la que podría aprender a utilizarlo. En cambio, es oportuno no proceder enseguida a cambiar la ropa interior, porque la molestia producida por el contacto con la indumentaria mojada puede ayudar a que el niño se acuerde con mayor rapidez de llamar a su mamá cuando se le escapa el pipí. Por último, me permito señalar que no se está enfrentando a un “problema”, sino a una transición normal, que debe afrontarse como tal. Saludos cordiales.

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