Quisiera hacerle una consulta acerca de un problema que tengo con mi niño de 18 meses. Desde hace casi 8 meses que siempre está pegando cuando no está de acuerdo con algo. Lo interpreté como una fase y le reñía cada vez que lo hacía para que fuera consciente poco a poco de que no se debía hacer, pero de un tiempo a esta parte se está volviendo peor. Normalmente cuando lo cojo me pegaba en los brazos o me estiraba del pelo, pero ahora pega donde pilla, o mejor dicho, busca el pegarte en la cara, da cabezazos intencionados (a mí casi me rompe la nariz, a mi madre por poco le salta un diente y ayer mismo me pegó un cabezazo en la mandíbula que se me llegó a caer de los brazos).

Respuesta de Dr. Luis González Trapote

Entiendo que esté muy angustiada. No quiero pensar en un trastorno patológico porque a los dieciocho meses es muy difícil hacer ese diagnóstico. Lo interpreto como rabietas o pataletas o berrinches exagerados, si quiere, pero “normales”. No valore el grado de daño que puede hacer a la abuela o a usted misma, porque no es eso lo que el niño intenta. Los niños no miden sus fuerzas: actúan y nada más. Usted ha oído decir: “para ponerle la vacuna tuvieron que sujetarle entre tres personas”. ¿Quiere decir que ese niño tiene más fuerza que tres adultos? No; lo que pasa es que el niño se defiende con todas sus energías y los adultos que le sujetan las miden para no hacerle daño. Los castigos no suelen ser efectivos, como no sea para descargar los “nervios” de la madre. Besarle y acariciarle no es malo, por supuesto, pero, probablemente, son tan inútiles como los castigos. Si con otras personas ajenas a la familia el niño se porta tan bien, quiere decir que usa sus “pataletas” con quien sabe que le van a ser útiles. No es fácil que sus auto-agresiones le provoquen daño importante, al menos no suele suceder así. Todos los niños tienen “derecho” a tener rabietas o berrinches, que son normales a partir de los quince meses de edad, pero en privado. Si encuentra “recompensas” por su actuación lo seguirá haciendo, y recompensa es la presencia de la madre o del padre o de la abuela. Mi consejo es que cuando comience a “montar el número”, con toda la tranquilidad de la que sea capaz, llévele a su propia habitación (libre de riesgos, por supuesto) y le dice “cuando estés saldrás”. Es difícil, pero si ve otro remedio, ya me lo explicará. Cuando el niño se dé cuenta que ese sistema no es útil para atraer la atención, lo cambiará por otro.

 

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