Buenos días, Doctor. Desde hace un par de semanas, mi hijo tiene más rabietas de las normales de un niño de 34 meses: se enfada por todo y, si no hacemos o le damos lo que quiere, llora. Puede estar llorando hasta 30 minutos sin parar hasta que acaba con mis nervios y los de mi marido. Lo llevamos cuatro horas por las mañanas a la guardería, ya que me gusta que se relacione con niños de su edad. Allí le va muy bien y se porta muy bien, pero al llegar a casa o, incluso, al salir de la guardería ya empiezan los problemas. Por ejemplo, si no le ponemos la canción que pide en el coche, si le pongo la chaqueta al salir de la guardería o si vamos por otra calle distinta a la que quiere, llora sin parar. Hoy mismo, por la mañana, se ha empeñado en ir a la guardería en pijama. Ya no sé qué hacer ni cómo hacer que entienda que no siempre se hará lo que él quiera. Gracias.

Respuesta de Dr. Luis González Trapote

 En resumidas cuentas la solución está en demostrar al niño que no es él quien manda en casa.

Mire. Puede ser que "abandonarle" en la guardería sea la causa de fondo de su actitud, aunque no tiene por qué ser obligatorio. Por cierto, un niño puede relacionarse con otros en el parque, la guardería no es obligatoria, teniendo en cuenta, también es verdad, que a los tres años comienza el ciclo infantil (P3), momento en el cual inicia la escolarización la inmensa mayoría de los niños, hayan ido o no antes a la guardería.

Por mi parte creo que un niño tiene todo el derecho a la "libertad de expresión", manifestando su disconformidad o intentando encontrar recompensas o conseguir sus deseos mediante berrinches y pataletas. En privado.

Si un niño inicia una pataleta, sin enfadarse, sin poner cara de amargura, sin "ya está otra vez igual", etcétera, lleve al niño a su habitación (la de él), libre de riesgos, y suave pero firmemente le dice: "cuando acabes de llorar me avisas, mientras tanto quédate en tu habitación". Y a sufrir toda la familia, pero aguantando el tipo y no permitiendo que abandone la habitación (sin broncas pero con firmeza). Cuando deje de llorar (que lo hará), como si pasase por allí entra y le dice "¿ya estás, hijo? ya puedes salir". Si al hacerlo vuelve a exigir lo que quería se vuelve a repetir la misma historia. Si la pataleta ocurre en la calle, cójale de la mano (mejor del antebrazo, no le vaya a hacer daño) y lo lleva a casa, anulando el paseo o lo que sea. Le lleva a su habitación y a repetir la historia que ya conoce.

No le riña, prémiele (con un beso, por ejemplo) lo que haga bien, pero no ceda. No se da cuenta, pero está fabricando un tirano permitiendo que utilice las pataletas, pasando por encima de los padres para conseguir una recompensa, y tenga en cuenta que, en estos casos, reñirle ya es una recompensa.

El día que quiera ir a la guardería en pijama actúe igual, y cuando finalmente se deje vestir, llévele a la guardería, si es ese el sistema que usted encuentra idóneo para que se relacione con otros niños.A los niños tampoco les gusta hacer pataletas y tener berrinches, así que dejará de hacerlos cuando no le sirvan para nada, por la indiferencia de los padres y la privacidad (ausencia de público) para actuar de esa manera.

Hay niños más tozudos que otros, pero los padres no tenemos derecho a perder la paciencia, aunque sólo sea por aquello de que "más sabe el diablo por viejo que por diablo". Es más fácil evitar que un niño se "suba a la parra" que hacerlo bajar cuando ya está arriba.

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