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Mola parcial: los riesgos para un nuevo embarazo

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Desgraciadamente, a causa de una mola vesicular parcial, el embarazo puede verse interrumpido. Pero ¿cómo puede influir este hecho en un nuevo embarazo?

Una mola vesicular son una serie de quistes o vesículas que pueden tener origen en las vellosidades coriales. En la primera fase del embarazo, la actividad celular está destinada, sobre todo, a favorecer la formación de la placenta y de los anexos (que garantizan una adecuada defensa y nutrición del embrión y del feto) y sólo, en menor medida, a formar al niño que nacerá. Sin embargo, en algunos casos bastante raros (cerca de un embarazo de cada 2.000-2.500), esta veloz reproducción celular pierde el control y se alteran algunas estructuras placentarias, las vellosidades coriales, a través de las cuales tiene lugar el intercambio entre el contenido de la sangre materna y el de la sangre fetal.

Cuando esto sucede, las vellosidades se transforman en quistes, es decir, en vesículas (de ahí el nombre de mola vesicular) y pierden la capacidad de transferir sustancias de la madre al embrión y viceversa. Sin embargo, a pesar de ello, las vellosidades mantienen la extraordinaria capacidad, típica de la placenta, de fijarse y de filtrarse en el tejido uterino. Exactamente como el ancla de un barco, la placenta se fija en las paredes del útero para garantizar un adecuado sostén y nutrición al embrión.

La degeneración de las vellosidades en quistes normalmente tiene lugar en torno a novena semana de gestación. En este punto, pueden producirse dos posibilidades: la mola ocupa toda la placenta y, entonces, se habla de mola vesicular total, o bien ocupa sólo una parte y se define como mola parcial. Esta última se diagnostica a través de un control ecográfico, puesto que no provoca síntomas que la futura mamá pueda advertir, aunque el ginecólogo sí.

Sin embargo, en ambos casos, las vellosidades no consiguen responder a las exigencias del futuro bebé, que muere en el 98% de los casos. Las pocas veces en las que la gestación puede seguir son aquéllas en las que la mola vesicular es parcial y muy limitada, y el resto de la placenta sigue funcionando bien.

Normalmente, la mola afecta a las mujeres que ya han tenido algún hijo, con una relación de 4 a 1 en el tercer embarazo respecto al primero. Además, la incidencia de degeneración molar aumenta conforme a la edad de la mujer. Las causas de que esto sucede se desconocen totalmente, pero existen teorías que hacen responsables a la contaminación ambiental, o bien a algún problema de origen genético o infeccioso. Probablemente, existan una serie de causas que actúen al mismo tiempo.

Después de la muerte del embrión o del feto, se efectúa un tratamiento, primero farmacológico y después, quirúrgico, que permite vaciar el útero y eliminar el tejido placentario. La mola, al ser un tejido vivo, tiende a desarrollarse y, al no tener la necesidad de sostener al futuro bebé, aumenta su capacidad de filtrarse y aferrarse fuertemente dentro del miometrio, es decir, la parte muscular del útero, dirigiéndose en la mayoría de los casos hacia los vasos sanguíneos que abundan en esta zona.

El riesgo de que se vuelva a producir una mola vesicular es extremadamente bajo, especialmente en el caso de que haya sido parcial. Si el útero se ha limpiado y si las beta HCG, es decir, las hormonas producidas por las vellosidades, han disminuido hasta casi desaparecer del todo, se puede intentar tranquilamente un nuevo embarazo, sin excesivos riesgos de sufrir otra mola. Lo mismo sucede en el caso de una mola total, en el cual, sin embargo, la eliminación del tejido degenerativo resulta más larga y compleja.

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