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Dermatitis atópica: cuidados para el frío y el viento

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Los agentes atmosféricos más agresivos para la delicada piel del bebé son el frío y el viento. Te explicamos los cuidados necesarios para prevenir los brotes de dermatitis atópica en el bebé.

​​La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel. No es contagiosa, pero tiene carácter crónico y recidivante, es decir, que se presenta con una determinada frecuencia en el tiempo. Las primeras veces, se manifiesta de forma aguda y, después, tiene fases de remisión, seguidas de nuevas recaídas, en las que el trastorno se vuelve a presentar de forma aguda.
En general, se considera de naturaleza alérgica, pero la dermatitis atópica se debe, más bien, a la predisposición de la persona: la piel atópica se caracteriza por ser más porosa y permeable, pierde fácilmente su componente de agua, se seca y se fisura con más facilidad.
En caso de dermatitis atópica, la piel se presenta enrojecida, con pequeñas descamaciones y lesiones cutáneas, picor intenso y un fuerte malestar. En las zonas inflamadas, también pueden aparecer minúsculas ampollas, que pueden infectarse fácilmente si el niño se rasca. En los niños, el trastorno afecta a la zona de las mejillas y de la barbilla, al pliegue del cuello, las piernas y los brazos.

El frío, el viento y la contaminación le perjudican

El invierno es, quizás, la estación más complicada para los bebés y los niños que sufren dermatitis atópica. El frío, por sí solo, no sería nocivo. Sin embargo, el frío implica la permanencia prolongada en ambientes cerrados con calefacción. Asimismo, a menudo, se tiende a abrigar al niño en exceso: la temperatura de la piel aumenta y también lo hace el picor, a causa del sudor, que no se evapora porque permanece debajo de la ropa.
En invierno, aumenta tanto la exposición a los agentes contaminantes y a los alergenos domésticos, en particular, los ácaros del polvo, como a los externos. Estas partículas inorgánicas, en contacto con las mucosas, se transforman en ácidos que provocan irritaciones. La piel atópica sufre estas agresiones en mayor medida, porque tiene una barrera cutánea más permeable. 

Cómo proteger la piel de tu bebé

La piel atópica requiere unos cuidados especiales durante todo el año. Básicamente, el cuidado consiste en hidratar y nutrir la piel del bebé con los productos adecuados, y acudir al pediatra cuando se produzcan brotes más agudos, para que prescriba el tratamiento más adecuado. Es preciso hidratar bien la piel del bebé después del baño, evitar que permanezca en el agua de bañera durante mucho tiempo, procurar que la temperatura del agua no sea elevada y secar al bebé con una toalla suave sin frotar, con suaves toquecitos.

 

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