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El raquitismo y la importancia de la vitamina D

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La enfermedad más común en los huesos durante el crecimiento es el raquitismo. Para prevenirlo, es necesario mantener una dieta con los niveles de nutrientes y de vitaminas adecuados durante el embarazo y el primer año de vida de los niños.

En la actualidad, el raquitismo es una enfermedad que afecta pricipalmente a niños de países en vías de desarrollo, a raíz de los graves problemas de malnutrición en mujeres embarazadas y niños. En el caso de los países desarrollados, una serie de consejos y recomendaciones permiten a las madres no tener que preocuparse de que esta enfermedad afecte a sus hijos.

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¿Qué es el raquitismo?

El raquitismo es la enfermedad causada por la falta de vitamina D, calcio o fósforo. Sus efectos están caracterizados por el reblandecimiento de los huesos, lo que puede provocar su deformidad o fractura, entre otros síntomas.

La desnutrición, los genes, la falta de exposición solar, los trastornos hepáticos, la intolerancia a la lactosa o la dieta vegetariana también pueden incrementar las probabilidades de sufrir raquitismo. Los niños de entre 6 y 24 meses (período en el que los huesos crecen rápidamente) son los más afectados de raquitismo, pero no se da en recién nacidos.

En los países desarrollados, el raquitismo tiene un bajo impacto, ya que la nutrición y el seguimiento médico de los más pequeños dificultan su aparición. Sin embargo, los hábitos de vida de la sociedad actual, que incluyen el uso de vestimenta que cubre casi la totalidad del cuerpo, el ocio en espacios cerrados y la sobreprotección solar (mediante un uso exagerado de protectores solares), pueden provocar la disminución de los niveles de vitamina D en la sangre, motivo por el que es común que los pediatras prescriban suplementos vitamínicos de este tipo a los niños.

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Cuándo debes preocuparte

Los niños raquíticos suelen aquejarse de dolor, calambres y debilidad muscular, así como retraso en el crecimiento, en el desarrollo psicomotor y de la dentadura. También pueden sufrir deformidades craneales, óseas (piernas arqueadas, engrosamiento de la unión de las costillas con el esternón, etc.), y tienen una mayor tendencia a tener infecciones, un aumento de la sudoración e, incluso, convulsiones o tetania (contracción muscular mantenida) en casos muy avanzados.

Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas, debes llevar a tu hijo al médico y éste se encargará de diagnosticar si se trata de raquitismo, tras un análisis de sangre y la realización de radiografías de los huesos que se consideren.

El tratamiento contra el raquitismo

El tratamiento más habitual para tratar el raquitismo es la administración de vitamina D por vía oral durante algunos meses, así como suplementos de calcio.

Para la prevención de esta enfermedad es importante seguir una dieta equilibrada rica en vitamina D, así como someterse a una habitual (y moderada) exposición al sol, tanto las mujeres embarazadas como los niños.

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