Mi bebé y yo

¿Cómo vive el parto el bebé?

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Casi nunca se oye hablar del nacimiento vivido desde el punto de vista del bebé, como si se tratase de un papel pasivo. Sin embargo, el feto participa de forma activa en el parto. Te explicamos cómo vive el bebé el momento del parto

¿Qué  experimenta el bebé durante el parto? Ciertamente, lo ideal sería poder preguntárselo a un recién nacido y contar así con un testimonio directo. No obstante, es igualmente posible intentar reconstruir el camino que el bebé recorre desde el inicio del parto hasta su nacimiento, observando las modificaciones fisiológicas y emocionales del pequeño.

Primero, se alimenta bien. Desde unas horas antes del parto, el pequeño se prepara para nacer absorbiendo la mayor cantidad posible de elementos nutritivos proporcionados por la placenta. De este modo, podrá hacer frente en las mejores condiciones posibles al fuerte desgaste de energía requerido por el parto.

Asimismo, con el fin de soportar mejor el esfuerzo del parto, el feto provoca la producción de una gran cantidad de endorfinas, sustancias que ejercen la función de analgésicos naturales y que también sirven para que la madre sufra menos. No debemos olvidar que el feto, desde la semana 28 de gestación, es capaz de sentir dolor.

Después, se pone en marcha el parto. Es muy probable que el feto sepa con gran precisión cuándo ha de venir al mundo. Es él quien quiere nacer y es él quien pone en marcha el inicio del parto, modificando de forma drástica el equilibrio hormonal de su madre, es decir, provocando una disminución repentina de los estrógenos y de la progesterona, y dando lugar al aumento de las prostaglandinas y de las oxitocinas.

  Las primeras contracciones le realizan un masaje. Aparecen los primeros síntomas de parto; la madre advierte las primeras contracciones. Se podría pensar que el feto siente la contracción como un mordisco que lo presiona y le provoca dolor. Pero eso no es así: el niño no sufre.

Entre otras cosas, porque dispone de todo el tiempo necesario para acostumbrarse a las contracciones, gracias a su progresión lenta y a su intensidad gradual. Durante el parto, el feto está tranquilo, se mueve, da patadas y puede incluso dormir y soñar. Muy probablemente vive las primeras contracciones como un masaje delicado sobre todo el cuerpo.

  Se pone en posición de salida. El niño se prepara para el parto adoptando una determinada posición que se denomina fetal. Inclina la cabeza y apoya la barbilla en el pecho, encoge las piernas y los brazos y aprieta los puños, como si quisiese hacerse una bola. Esta es una posición que le sirve para oponer la mínima resistencia durante su paso a través del canal del parto y para poder aprovechar de la mejor manera la fuerza de la gravedad que le ayudará a nacer.

 Rompe la bolsa de líquido amniótico con la cabeza. La contracciones se regularizan, son precisas e intensas. Ya casi llegan a durar 60 segundos y están separadas únicamente por dos minutos. El cuello del útero se ha acortado y reducido, y la dilatación está casi completada.

Ahora, el feto apoya la cabeza sobre el cuello del útero, lo cual suele provocar la ruptura de la bolsa que contiene el líquido amniótico. El cuerpo del niño queda en estrecho contacto con las paredes del útero, pero no hay nada que temer porque el pequeño está siempre controlado. A través de la monitorización fetal, se sigue el ritmo de sus latidos cardiacos y se mide la intensidad de las contracciones.

    Ahora, busca la salida. Para el niño ha llegado el momento de bajar a la pelvis y buscar la salida. El pequeño gira sobre sí mismo y descubre que, si mantiene la barbilla inclinada hacia el pecho y pasa en primer lugar la zona del cráneo denominada triangular, que se sitúa por encima del hueso occipital del cráneo, su diámetro se reduce y, por tanto, el paso es más fácil.

Se deja empujar sin oponer resistencia. Ha llegado el momento de la expulsión. La madre ayuda al niño mediante una serie de empujones que se llevan a cabo durante las contracciones. El feto los percibe como una fuerte compresión que lo envuelve en el tejido muscular mucoso. Los empujones también le indican el paso a seguir y ejercen un efecto beneficioso sobre los pulmones, puesto que los vacían de líquido amniótico y los prepara para recibir aire. Después de la pelvis, la cabeza del bebé se encuentra como último obstáculo con los músculos del periné, que deberán ser distendidos para dejarlo pasar.

 En cuanto nace, busca a su madre. En primer lugar, aparece la cabeza, después, los hombros y, más tarde, el resto del cuerpo. Muchas veces, su primera reacción es el llanto, totalmente normal, puesto que debe afrontar muchas sensaciones nuevas, como el contacto con el aire y la necesidad de respirar, los cambios de temperatura o las variaciones de luz.

(Te interesa: Etapas y fases del parto)

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