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¿Qué es el efecto Pigmalión y cómo afecta a los niños?

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Cuando hablamos y tratamos a los niños, generamos una serie de expectativas que influyen en su forma de comportarse y en su personalidad. A este tipo de conducta se le conoce como ‘efecto Pigmalión’. ¡Te lo explicamos al detalle!

¿Sabías que los adultos tienen un poder de influencia increíble sobre los niños? El llamado efecto Pigmalión está relacionado con este tipo de influencia sobre el niño por parte del adulto. En muchas ocasiones, el éxito o el fracaso de los más pequeños está directamente relacionado con el tipo de educación que han recibido, ya sea por parte de profesores, padres o familiares. Como padres o tutores legales, debemos empezar a tratar los valores y el desarrollo de las emociones desde la infancia, para que los niños crezcan teniendo en cuenta comportamientos básicos como el respeto por el entorno y por los demás. Estas cualidades son fundamentales para que los niños crezcan felices y estén capacitados para entender y adaptarse al mundo que les rodea: un mundo en constante cambio y repleto de información.

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Los adultos tenemos un papel fundamental en este proceso de aprendizaje, puesto que los niños van formando la idea que tienen de sí mismos a partir de las expectativas y comportamientos que reciben de su entorno. "El efecto Pigmalión", no obstante, no es algo nuevo, pues el descubrimiento de esta conducta nació en 1968 en una investigación realizada en la Oak School, cuya función principal era observar si los niños pobres acababan fracasando o no, dependiendo de si las expectativas que tenían los profesores sobre ellos eran bajas o altas. Este estudio acabó descubriendo que cuando un profesor cree que su alumno posee cualidades intelectuales bajas, se esfuerza menos por enseñarle.

¿Qué es exactamente el efecto Pigmalión en los niños?

Las expectativas que un adulto tiene sobre las capacidades de su hijo afectarán en la forma que tendrá el niño de verse, es decir, se verá como tú lo ves: si las expectativas son bajas se verá poco capaz, y si son altas, se sentirá más motivado.

Lo cierto es que los niños son muy capaces de sentir de forma inconsciente cómo los vemos. El contacto visual y la forma de dirigirnos a ellos revelan mucho de nosotros y de nuestra forma de verlos. El niño aprenderá de este tipo de relación, y por eso, como adultos, deberemos mostrarnos de una forma natural y transparente.

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Así, no sirve absolutamente de nada decir que creemos en él, si después no le acompañamos con gestos o con la voz. Los niños son muy sensibles, y harán mucho más caso de cómo digas las cosas y de cómo las expreses, que de lo que realmente digas.

Los padres debemos servirnos de la inteligencia emocional para apoyar a nuestros hijos, y el mejor método para que esto sea efectivo es utilizando la escucha e interactuando con ellos para que se sientan atendidos, tanto con nuestras palabras como con nuestros gestos. Es importante que les tengamos en cuenta cuando expliquen sus opiniones. La autoestima es fundamental para que crezcan con una opinión positiva sobre sí mismos.

El término Pigmalión proviene de un mito griego que relata la historia de un personaje homónimo que se enamoró de una estatua creada por él mismo: Galatea, quien terminó por convertirse en una mujer de verdad. En términos generales, el efecto Pigmalión resume la creencia del poder que ciertas personas importantes tienen a la hora de influir sobre otras, sobre todo en su rendimiento. Esta influencia, no obstante, puede ser positiva o negativa.

Mientras que un efecto Pigmalión positivo genera un aumento de autoestima y confianza en el pequeño, uno negativo tendrá un efecto completamente distinto. Para que el efecto que generamos sobre ellos sea lo más positivo posible, tendremos también que aceptarlos tal y como son y estimular y potenciar todas sus habilidades y capacidades innatas para que exploten su potencial. Hay que recalcar, no obstante, que lo más importante es saber guiarles para que sean ellos mismos quienes encuentren y conozcan sus talentos y apuesten por ellos.

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De la misma forma, como padres o profesores, deberemos felicitarles por sus éxitos y ser capaces de explicarles por qué a veces se fracasa, ya sea a nivel escolar, en el deporte o a nivel social. Toda esta confianza se forja pasando tiempo con ellos y estableciendo una base de diálogo y de confianza que contribuirá a que el efecto Pigmalión sea positivo, y a que en su adolescencia sean capaces de afrontar los problemas con más confianza y fuerza. ¡No olvidéis que como adultos tenéis un poder de influencia increíble sobre los pequeños! 

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