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Contaminación y salud del niño: respondemos tus dudas

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Polvo fino, contaminación doméstica y campos electromagnéticos. Veamos cómo proteger a nuestros hijos de estas amenazas desde los primeros meses de vida y también desde la barriga. ¡Resolvemos tus dudas!

1. ¿Cuáles son los agentes contaminantes más habituales?

Entre los principales responsables, se encuentran los gases procedentes de los tubos de escape de los motores de los vehículos y los humos de los sistemas de calefacción. Uno de los peores contaminantes es el llamado "polvo fino", que, precisamente por su tamaño, penetra fácilmente en las vías respiratorias. Procede de los tubos de escape de los coches, pero también del desgaste de las ruedas sobre el asfalto y de la industria. Por otro lado, se encuentra el bióxido de azufre (SO2), también relacionado con el tráfico rodado, la industria y las calefacciones. En el podio de los contaminantes, se sitúa el ozono, que, paradójicamente, se concentra en las zonas verdes, especialmente, en verano. 

A estas fuentes, se deben sumar los contaminantes de puertas hacia dentro. Por ejemplo, los barnices de los muebles, las colas, los disolventes, las pinturas de las paredes, que siempre hay que elegir primando su calidad, así como los productos de higiene doméstica, de los que conviene no abusar. Por lo tanto, siempre es preferible airear la casa a menudo, para reducir estos contaminantes.

2. ¿Qué efectos tiene para el niño?

Se manifiestan a través de patologías respiratorias, como bronquitis, neumonía y otitis recurrente. La contaminación puede empeorar el asma en los niños que lo sufren. Los polvos finos son los más peligrosos, porque penetran en profundidad, como sucede cuando se aplica un aerosol. Si las partículas son de un tamaño muy reducido, también entran en la circulación sanguínea, razón por la que la contaminación afecta a todo el organismo. 

3. ¿Por qué los niños corren más riesgos que los adultos?

Los niños tienen un metabolismo más rápido, su frecuencia respiratoria es el doble de la de los adultos y su sistema inmunitario es inmaduro. Además, pasan mucho tiempo en lugares cerrados, y se ha demostrado que la contaminación interior, presente en las aulas, las viviendas y los vehículos, se suma a los efectos de la contaminación externa. Por último, los niños acumulan agentes contaminantes durante más tiempo. 

4. ¿Qué se puede hacer para reducir la exposición?

Una regla de oro es mantenerse informado, con todos los medios a disposición, sobre el "estado de salud" de las ciudades y evitar las peores zonas y los peores horarios. Existen medios informativos medioambientales que cubren todo el territorio nacional. Asimismo, es importante tener sentido común y evitar llevar al niño a zonas muy transitadas en horas punta, así como dar preferencia a las zonas verdes, alejadas de las carreteras. Además, no hay que olvidar que el habitáculo del automóvil es un receptáculo de agentes contaminantes. Por esta razón, es importante mantener limpios los filtros del aire, no fumar en su interior y airear bien el vehículo, especialmente, cuando es nuevo. 

(Te interesa: Los niños que están rodeados de zonas verdes rinden más en la escuela)

5. ¿Ponerse una mascarilla sirve de algo? ¿Cómo hay que actuar con el cochecito?

Las mascarillas blancas comunes no son especialmente eficaces para los contaminantes más peligrosos: no logran bloquear el polvo fino. Por lo que respecta a los cochecitos y a las sillas de paseo, no disponemos de medios de protección específicos, al margen del sentido común. Deben evitarse las zonas donde la contaminación es más elevada, en parte, porque los bebés se encuentran a la altura de los tubos de escape de los vehículos. Siempre que sea posible, hasta los tres o cuatro meses de vida, podemos utilizar mochilas portabebés, con el fin de mantener elevado al pequeño.

6. ¿Cómo podemos saber si hay amianto o radón?

Los riesgos asociados a la presencia de radón o de amianto derivan, sobre todo, del estado de conservación de algunas construcciones. Cuando se desprenden fragmentos de las superficies, se liberan en el ambiente y pueden ser inhalados, con el consiguiente riesgo para la salud.

7. ¿El exceso de ruido también es peligroso?

La contaminación acústica puede provocar trastornos cognitivos, de concentración y de aprendizaje en los niños. Los colegios y las guarderías presentan problemas relacionados con el ruido externo e interno, porque muchos están construidos con materiales que no garantizan el aislamiento acústico. Es importante que las mamás reclamen la insonorización, si es necesario.

(Te interesa: Contaminación acústica y salud: ¡infórmate!)

8. ¿Cómo evitar los campos electromagnéticos?

En ausencia de datos exactos sobre los efectos de la contaminación electromagnética, como medida de prevención, conviene mantener la cuna alejada de fuentes potenciales, como los móviles, los ordenadores, las lavadoras, los hornos y todos los electrodomésticos de casa.

9. Durante el embarazo, ¿el feto se resiente de la contaminación?

Las precauciones también se aplican, con mayor motivo, en el embarazo, con el fin de proteger la futura salud del niño. En primer lugar, se debe evitar el humo del tabaco, aunque sea pasivo, ya que es perjudicial para el feto. Los bebés expuestos tienen una mayor probabilidad de nacer con bajo peso y prematuros. En la vida intrauterina, la contaminación condiciona el código genético, y cada vez más científicos indican un posible aumento de la predisposición a sufrir patologías como autismo, obesidad y diabetes en la edad adulta. Por esta razón, el estilo de vida de la futura mamá es muy importante, desde el cuidado de la alimentación al control de la salubridad ambiental.

10. ¿La leche materna siempre está aconsejada?

Por supuesto que sí. La OMS recomienda mantener la lactancia materna incluso en las zonas que han sufrido graves problemas de contaminación ambiental, puesto que garantiza efectos positivos para la salud del bebé, reforzando su sistema inmunitario y, por lo tanto, sus defensas.

(Te interesa: La OMS, a favor de la lactancia en cualquier momento y lugar)

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