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¿Cómo es un parto con fórceps?

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En algunos partos, la salida del bebé se prolonga demasiado y se dan complicaciones que pueden dar lugar a un parto con fórceps. Te explicamos en qué circunstancias se da el parto con fórceps, en qué consiste, así como los posibles riesgos para la madre y para el bebé. 

El fórceps es un instrumento utilizado en un parto vaginal, similar a unas pinzas quirúrgicas, pero cuyos extremos presentan forma de cuchara y son ligeramente curvos. Esta forma permite la sujeción de la cabeza del bebé para facilitar el alumbramiento.

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¿Cuándo se da un parto con fórceps?

El parto con fórceps se da cuando se cumplen una serie de condiciones. Normalmente, ocurre cuando el bebé está correctamente posicionado y a punto de salir, pero queda detenido en el canal del parto, sin muestras de avance alguno. También se utiliza esta técnica en el caso de que el bebé se presente en posición posterior o de nalgas. También se puede requerir su uso cuando la mujer está exhausta y sin fuerzas para seguir hasta el final del parto, como en aquellas que presentan contracciones demasiado débiles.

Antes de utilizar el fórceps, la bolsa del líquido amniótico debe estar rota, el cuello del útero debe estar completamente dilatado y la cabeza del bebé debería estar totalmente encajada en un punto próximo a la apertura vaginal, lista para salir.

En estas condiciones, es cuando el médico recurre al parto con fórceps; un instrumento que utilizará para sujetar el cráneo del bebé por los dos lados, rotarlo levemente y tirar de él. Esta práctica, sumada a las contracciones y los esfuerzos de la mujer, facilita el nacimiento del bebé.

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Riesgos del uso de fórceps

En un parto con fórceps, el bebé puede presentar pequeños hematomas en la parte craneal, ampollas en el cuero cabelludo o lesión en el nervio facial, siendo todos ellos efectos temporales que desaparecerán en las próximas semanas. Son muy excepcionales los casos en los que las lesiones del bebé causadas en el parto con fórceps son permanentes.

Los riesgos y molestias para la madre son mucho más frecuentes y están considerados de mayor gravedad que los riesgos asociados al bebé. El parto con fórceps aumenta el riesgo de sufrir desgarros vaginales, uterinos, perineales y en el esfínter anal. Al necesitar puntos de sutura para la correcta cicatrización de estas lesiones, es normal que las mujeres sufran molestias durante las semanas posteriores al parto. Por último, también son usuales los desplazamientos musculares y de algunas partes del cuerpo como la pelvis, por lo que, en estos casos, tal y como aconseja el doctor Ripoll en el consultorio de Mi Bebé y yo, es muy recomendable la visita a un fisioterapeuta o osteópata.

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